No tengo nada claro si va a influir más en nuestro futuro el desenlace de las elecciones presidenciales de Estados Unidos o la quinta sesión plenaria del decimonoveno Comité Central del Partido Comunista Chino, pero como la lectura de papeles comunistas exige el esfuerzo estándar del triple filtro -lo que se hace, lo que se dice que se hace, lo que se dice que se debe hacer-, el aprendizaje de la terminología y los conceptos fijados en las resoluciones anteriores, lo que convierte en una tarea prolija y compleja poder ofrecerles aquí algunas conclusiones, vamos a ir de lo simple a lo complejo, dejando la sinología para semanas venideras y atendiendo primero lo más inestable y urgente: simple como un botijo, inestable como la nitroglicerina, urgente como la bomba que cae y con toda la pinta de haberse caído de cara en el puchero de azafrán.

Todos los líderes mundiales han felicitado a Biden salvo alguna excepción -las ausencias siempre cantan-, las más relevantes las de Putin y Xijing Ping, las evidentes, Jair Bolsonaro y López Obrador, y las irrelevantes de los iraníes Jameini, Alí, y Abascal, Babá. Toda la prensa libre made in USA ha informado de la victoria de Biden, algo que bien puede ser verdad y no haber sucedido porque Trump según su criterio ha ganado. ¿Cuál es su criterio? Su criterio es invariable y está recogido tanto en libros dictados Think big and kick ass, como en la entrevista en Playboy de 1 de marzo de 1990, verdadero catecismo del pensamiento trumpiano que se resume en tres ideas: jamás aceptar una derrota o un no, desconfianza absoluta hacia los demás y venganza inmisericorde ante cualquier acto interpretado como un ataque.

Dos presidentes. Biden ha abierto su oficina de presidente electo, ha anunciado sus primeros pasos tras la toma de posesión y ha iniciado conversaciones internacionales, expresando su intención de retornar a los consensos despreciados por su, esperamos, antecesor. Trump no sólo no acepta la derrota, sino que da instrucciones claras para que no se inicie el proceso de transición de poder, cesa al secretario de estado de Defensa y le pone la proa a la CIA y al FBI. Dicen que es un especialista en sacar ventaja tensando la cuerda hasta el límite, ojalá le salga bien la jugada, porque esturrear la tabarrera en un país con 400 millones de armas en manos de la población y con milicias organizadas y opuestas a lo largo y ancho del país es como poco peligrosillo. El deseo de Trump de un liderazgo a lo Putin ha sido explícito durante estos cuatro años y lo que está haciendo ahora -si no salta la chispa del enfrentamiento armado- es agitar su enorme base electoral para iniciar, con Bannon de escudero, la carrera permanente hacia 2024. Ante la eventual victoria de Biden podemos tocar palmas por alegrías, la letra ya la saben: tiritiTrump Trump Trump.

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