EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Negros zapatos, negro pantalón, negro abrigo, blanca camisa y gris el coche, oscura la corbata; desde el sur rumbo noreste, el sol a la derecha y de frente. Ha muerto Cuerda y en insólito homenaje, Donald, que no ha perdido el juicio, como si fuera Carmelo, piensa que se va a sacar la chorra. Y se la saca: miren el vídeo en su tuita. Me habían dicho que iba a llevar el timón, pero el viejo capitán cascarrabias ha enganchado la rueda y hemos cruzado media España a todo trapo. Qué anchura de pescuezo tengo. Ya en el altiplano, pasando cerca de Las Monjas, me ha venido a la cabeza Des Moines y he recordado que la otra noche los demócratas se hicieron caucus encima: sí, en Iowa. En invierno la viña desnuda en espaldera es como un arpa con las cuerdas al sol de la Mancha. Miro desde la ventana, pero no puedo oír lo que sea que suene.

Al que gane las primarias demócratas lo va picar la máquina de industrias Trump para su nuevo producto estrella: la hamburguesa de burro; ergo ganará Sanders, que es como Corbyn al otro lado del charco; o cualquiera que no sea Bloomberg, que no nació ni para perder ni para ser croqueta de jamón. De marejada a fuerte marejada en la Hoya de Buñol, en la entrada, como siempre, se nos ordena que fluyamos; al quinto semáforo de la Avenida del Cid a la derecha y ya verás la tapia, luego preguntas y quedan dos rotondas para aliviarse en el perímetro. Lo simple triunfa. Menos es más. No necesita explicación lo que uno quiere oír, y en política, si lo tienes que explicar estás muerto.

Les tengo dicho que la política es la guerra por otros medios, pero si la simplificamos tanto que la reducimos al absurdo, la guerra por otros medios termina siendo la guerra a secas. Escalera y rampa, todo accesible y fácil menos el menú, que tiene su protocolo como todo monopolio. Arquitectura hortera de quilla como metáfora, maldito sea Caronte, y de remate lámparas ovni sobre miradas acuosas. Una ruina es algo que estuvo en equilibrio alguna vez, y aquí estamos viendo como todos los equilibrios se van al carajo en todas partes en sincronía, así que ya saben ustedes hacia donde circulamos. La combinación de arquitectura contemporánea e iglesia católica me produce desasosiego. Todo tan blanco, tan diáfano, hace sentir que en cualquier momento va a aparecer el bueno de Alex DeLarge a hacer de las suyas. Este contexto rompe una narrativa establecida a través de los siglos, que desde el barroco a hoy se ha arruinado totalmente y permite que surjan otros relatos. El Principito. Kenny G. The Moment.

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