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Una encuesta de mitad de Legislatura ha medido esta semana el ánimo de los andaluces con el gobierno autonómico y los políticos regionales. La foto sale gris. Hay más indiferencia por la política, decepciona la gestión de la Junta y de la oposición, permanece el desánimo sobre la economía y suspenden todos los líderes. Claro que los sondeos los carga el diablo. Un ejemplo: en 2013 auguraban a IU y UPyD más de un 20% de los votos y en las elecciones generales de 2015 se fueron por el sumidero.

Según esta encuesta de la Universidad de Granada, de celebrarse ahora autonómicas, el PSOE perdería siete puntos respecto a marzo de 2015, IU más de uno y el PP medio. Por contra, Ciudadanos subiría casi tres puntos y Podemos más de dos. El PSOE sigue siendo más votado, pero el PP se le acerca a 2,4%. Para Moreno Bonilla es poco menos que la antesala de entrar en San Telmo. No lo ve tan fácil un 68% de los encuestados, que piensa que los socialistas ganarán las próximas elecciones, contra un 18% que apuesta por los populares.

Uno de los problemas de Bonilla es que dedica demasiado tiempo a hablar de Susana Díaz y poco a sus alternativas. Tras las elecciones de 2015 no quiso un gobierno rápido en la Junta, a cambio por ejemplo de presidir el Parlamento. Un año después exigía a Díaz que propiciase en el Congreso lo que él no consintió en Andalucía. A continuación, la criticó por ocuparse en exceso de la política nacional y ahora afirma que se quiere ir para librarse de una derrota. Demasiada inmodestia: Moreno aporta poco a la marca PP, no es muy conocido y tiene la peor nota de todos los dirigentes políticos andaluces.

La presidenta no se queda atrás. Se escuda en que sigue en cabeza a pesar del deterioro de la imagen del PSOE. Pero la encuesta señala que tras el paro, la educación y la sanidad son los principales problemas regionales. Materias de su competencia, que ha presumido de gestionar de manera diferente. Podría haber admitido que hacía recortes, pero alardeaba de lo contrario. Batir al PSOE es cada vez más difícil; 35 años de clientelismo han construido un alto suelo electoral. Y tiene una ventaja respecto a sus competidores: una administración de 270.000 personas capaz de suministrarle datos y propuestas, en la que utiliza todos los puestos de confianza posibles para colocar a sus cachorros y darles una carrera profesional.

Podemos y Ciudadanos suben. E IU, como los irreductibles de la aldea gala, resiste. Juan Marín es el mejor valorado, pero es un peso ligero en conocimiento popular, con sólo un 37%. Como pesos medios están Teresa Rodríguez (59,5), Moreno (56,8) y Maillo (55). Y el único peso pesado, en solitario, es Susana Díaz con un 91,5% de notoriedad. Pero todos están muy igualados en valoración, entre el 4,68 de Marín y el 4,38 de Moreno. La marcha de Díaz a Madrid igualaría las posibilidades electorales. Pero nadie entusiasma. Hay suspenso general.

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