La vida vista

Susana se mueve

La urnas se observan al fondo. Susana lo sabe y sus rivales por supuesto que también

Susana Díaz no se ha dejado caer en la melancolía tras el fiasco sufrido en su descalabrada conquista de Ferraz. Muy al contrario, ha vuelto a Andalucía hacendosa y dispuesta, un perfil suyo que casi se había olvidado por estos lares. La presidenta, apenas unas horas después de ser derrotada por Sánchez, ya movió el tablero al adelantar su congreso regional. Luego logró quitarse de lo alto los congresillos preparatorios del Federal sin demasiados enquistamientos. Y ahora, superados esos primeros traumas orgánicos, se ha metido en faena para mantener lo único que le queda, lo esencial: su liderazgo en la Junta. Porque ella sabe, como sabe cualquiera, que su fiasco nacional le ha quitado una vida política, pero no todas las reservas. Ahora bien, si en un par de años, cuando lleguen las autonómicas, sucumbe, y ve así caer el imperio que el socialismo ha construido en Andalucía durante cuatro décadas, no le quedará otra que entonar la despedida e irse buscando un curro en el mundo de la gente común, curro que por cierto nunca tuvo. De ahí, de esas urgencias y necesidades, proceden sus últimas decisiones, el ajetreo de esta semana en la que no ha parado quieta. Primero para anunciar que los universitarios andaluces no pagarán la matrícula si aprueban el curso entero y luego para dar a conocer su pretensión de que Andalucía cuente con una renta mínima que erradique la pobreza. Medidas muy populares, la primera excelente sin duda y la segunda mucho más dudosa por sus efectos, a las que ha venido a sumar un cambio de gobierno en el que mueve a la mitad del personal pero cuyos perfiles fuertes se mantienen casi que intactos. Los consejeros más achicharrados y exóticos salen así del escenario, mientras que Rosa Aguilar se resitúa en Justicia y entra como portavoz un tipo tan solvente como el periodista Juan Carlos Blanco. En Sanidad y Educación, puntos de fuga, apuesta por una eminencia de la medicina y por una sindicalista de la que se espera que calme las aguas profesorales. Las piezas están listas pues en el ajedrez y las urnas se observan ya al fondo porque dos años en política son un suspiro. Susana lo sabe y sus rivales, que miran con deseo su simbólica yugular, por supuesto que también. Una vida le queda a la señora y tengan por seguro que no la entregará sin combatir.

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