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Megaciudades, ya saben: áreas metropolitanas con más de diez millones de habitantes y densidad de población mínima de 2.000 personas por kilómetro cuadrado; Guangzhou-Shenzhen, Tokio-Yokohama, Shanghái, Yakarta, Delhi, Karachi, Seúl, Manila, las diez primeras de la lista todas en Asia, excepto el conglomerado Nueva York-Nueva Jersey-Connecticut-Pensilvania que se sitúa en noveno lugar.

En Europa, a mucha distancia tres megaciudades, dos extranjeras -Londres y Moscú- y una nacional, cuyo censo de población pretendemos humildemente aumentar desde esta columna: Parla. Desde que les junto periódicamente aquí estas letras, han llegado ilustres pobladores a la ciudad, R&R, Rajoy y Rivera, por ejemplo, que visto desde hoy podrían ser el Rolls Royce de la política, dada la velocidad de putrefacción del género en este año eterno que estamos viviendo. Alguno ha sido el alcalde más votado de Parla -y de España- y ha terminado mudándose allí. Otros -y otras, y otras- aún no lo saben, pero ya les han sacado billete en la diligencia a Parla, bien sea desde la capital del reino, vía Madrid Barajas Adolfo Suárez, Terminal viaipí, o desde Sevilla y corte, vía me he equivocado, lo siento mucho, no volverá a ocurrir.

A Parla se puede ir individualmente, o en grupo y agitando la Union Jack el día de la partida. A Parla se puede ir, pero te pueden mandar, como a Cuba, a Corea del Norte o a Detroit. En cualquier caso, teniendo Parla como destino, lo suyo es mandar a los demás. Y eso es lo que vamos a hacer aquí y ahora con un señorito. El señorito crece sin contrariedades, criado entre algodones, como en palacio, rodeado de agradaores que le ríen las gracias, le apartan de la realidad y le potencian ese sentimiento de desprecio por todo lo que queda fuera de la casa en la que vive, y de la que vive.

El señorito, arrogante y profundamente cobarde quedó perfectamente descrito por Miguel Hernández en su poema Los Cobardes: "Para salvar vuestra piel/ las madrigueras no os bastan, / no os bastan los agujeros, / ni los retretes, / ni nada". El señorito es sobre todo, un heredero que dilapida la herencia. Un señorito en pleno ejercicio de sepultura de su legado, ante las movilizaciones de la gente del campo ha declarado: "no se deje llevar por las grandes declaraciones de la derecha terrateniente, carca, que intenta mantener una situación en el campo de sumisión". Se llama Josemaría, le llaman Pepe Álvarez y lleva 44 años en el verticalismo sindical: él arriba y los demás abajo. A Parla.

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