Stranger things

Juzguen ustedes mismos lo que han hecho estos cagabandurrias en, digamos, los últimos tres mil días

Es una serie de éxito entre la chavalería de hoy en día y entre los que lo fuimos en la década prodigiosa del 78 al 88. Con estética ochentera y siguiendo la estela de pelis míticas como Los Goonies, Gremlins, Tiburón o E.T., cuenta las peripecias de una pandilla adolescente -y de los adultos que la rodean- que se ven envueltos en extraños sucesos vinculados con ciertos experimentos hechos por entes poderosos, que abren un portal a otra dimensión, el Mundo del Revés, donde habitan los demogorgon y otros horrores que forman parte de el organismo colmena conocido como Monstruo Sombra o Azotamentes. Cosas Raras. El Mundo del Revés es un sitio chungo -del griego, topos, sitio y dys, chungo: distopía- y por ese portal abierto por los poderosos se cuelan en el mundo habitado por el común de los mortales unos bicharracos peligrosísimos que pueden destruir al pueblo de Hawkings y a toda la humanidad, si no es por nuestra heroica pandilla y por la Wynona Rider. Cosas mu raras. Como guinda del pastel, hay rusos en la costa a los que echarles la culpa cuando todo se vaya al garete.

Stranger things, como la vida misma. O como la política española. La democracia liberal, como todos ustedes saben, hunde sus raíces en la Ilustración y está cimentada en la razón y los principios lógicos que la rigen. Eso da lugar a un sistema político representativo, con poderes separados y limitados de los que emana un Estado de Derecho de iguales ante la ley. Esa es la teoría: la práctica siempre es más sucia y siempre salen algunos más iguales que otros. En la medida en que decrece la razón y se abrazan las pasiones en la búsqueda de fines políticos, se va abriendo el portal al mundo del revés. Cada vez que un político miente, retorciendo la lógica ante nuestros ojos y despreciando la evidencia y nuestra inteligencia, el portal se ensancha. Cada vez que apartan la vista del bien común y, en busca del propio beneficio, se arrojan cualquier cosa sin tabús -constitución, terrorismo, crímenes, sanidad, educación, pensiones, etc...- derribando puentes y convirtiendo al adversario en enemigo, aunque sea teatro y luego se entiendan entre ellos cuando no los vemos, están invitando al monstruo a cruzar el portal y colarse aquí, donde habitamos el común de los mortales. Juzguen ustedes lo que han hecho estos cagabandurrias en, digamos, los últimos tres mil días: parir la lamentable oferta de cinco niñatos que se nos presenta. Hoy toca reflexionar y lo único que se me ocurre es que no veo por ningún lado a la pandilla. Ni a la Wynona. De los rusos hablamos otro día.

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