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Un día en la vida

Manuel Barea

mbarea@diariodesevilla.es

Soñando con borregos eléctricos

Juanma Moreno, Juan Marín y los 'voxianos' son los replicantes de nuestro 2019

La historia que cuenta Blade Runner (1982), la película de Ridley Scott basada en la obra de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, tiene lugar en un 2019 que no se parece en nada al que nos ha tocado vivir a nosotros. Unos artilugios arcaicos, y sin embargo con una modernidad latente como la novela, el cinematógrafo y el vídeo VHS nos contaron y volvieron a contar tantas veces como quisimos en aquellos ya lejanos años ochenta -y lo siguen haciendo en este 2019 antiguo- las peripecias de los Nexus-6, los replicantes con una vida limitada de cuatro años -nacieron en 2017, no les queda mucho- y recuerdos inventados e implantados por sus creadores para que tuvieran emociones temporales que se rebelan internándose en el lluvioso noviembre de ese otro 2019 en Los Ángeles. Pero eso no puede ser, y el blade runner, el cazador implacable Rick Deckard, es reclamado. Tiene que dejar su retiro, desasirse de su cansancio, descubrir a los replicantes y acabar con ellos.

"Dentro de cuarenta años nos pasearemos por la calle y todo será como ahora, excepto que al doblar la esquina, de repente, nos encontraremos con algo fuera de lo común. Así me imagino el futuro cercano", dijo Ridley Scott en una entrevista en 1982, con motivo del estreno de su película.

Estamos en 2019. Acaba de empezar. Pero es otro 2019. ¿Qué hay de distópico en nuestros días? Pues tal vez casi todo lo que esté pasando sea una pura distopía. No hace falta una imaginación desbordante ni hay necesidad de ingerir ningún psicotrópico para llegar a la conclusión de que Juanma Moreno, Juan Marín y todos los voxianos son replicantes. Muy nuestros, desde luego. Tan como nosotros, que es de lo que se trata cuando te crean como replicante, tan de aquí, que en vez de Nexus-6 fueron bautizados como Turras-3, y si a los seres casi humanos de la novela de Philip K. Dick los diseñó la Tyrell Corporation los nuestros han salido de la Corporación Cañete.

Ahora habrá que esperar, y quién sabe si tendremos que echar mano de nuestro particular Rick Deckard para que les haga el test Voight-Kampff y los ruborice y les altere el ritmo cardíaco al detectarles el enjuague. Mientras tanto, ellos seguirán soñando, pero no con ovejas, sino con borregos eléctricos.

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