En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

Sobradamente preparados

Hacen una labor callada e importantísima, siempre dibujando una sonrisa en la boca acompañándola de una amabilidad que roza el sobresaliente a un nivel que es difícil mantener durante dos semanas, que son las que dura la Fiesta de los Patios de Córdoba. Son los controladores, esos jóvenes -más de medio centenar entre chicos y chicas- sobradamente preparados, herederos de esa generación JASP, de esa generación o generaciones cuyos miembros experimentaban una difícil incorporación al mercado de trabajo tras su etapa educativa; y que cuando lo conseguían ocupaban puestos con salarios bajos o por debajo de su teórica cualificación (sobrecualificación). Su función principal es la de controlar la entrada a los recintos del concurso municipal, una entrada que es pública y gratuita, pero que precisa de cierta regulación para evitar las aglomeraciones en el interior de los mismos y, con ello, el deterioro de las plantas y de otros elementos ornamentales más delicados.

Son esas personas cuya labor va más allá de la de gestionar las entradas de los visitantes a los recintos. Tienen una formación académica en la mayoría de los casos envidiable, aunque también la han atesorado en estos momentos del siglo XXI en los que corren malos tiempos para la lírica en ese sentido. Son guías turísticos cuando el turista necesita que lo sean, ejercen de cicerones en los patios cuando los visitantes quieren saber más de esos lugares mezcla de arquitectura y botánica que han descubierto, porque llegan a aprenderse los detalles más destacados de los mismos, también gracias a la formación que les brinda la empresa para la que trabajan -en este caso Incentifor-.

Aguantan con más o menos -mas más que menos- paciencia los improperios, que también los hay, de algunos visitantes a los que se les acaba yendo la olla al no entender por qué deben pasar casi una hora en una cola para ver un patio en zonas como las de Alcázar Viejo. Torean con sabios capotazos en algunos casos los carros y carretas a los que se tienen que enfrentar a porta gayola -cuando quien pierde la paciencia es el turista- al ser quienes primero dan la cara en la entrada a los recintos, aunque siempre hay sus excepciones, claro está, tanto en ese torear como en el buen feeling que acaba produciéndose entre controlador y propietario. En definitiva, los controladores son una figura cada vez más integrada en la Fiesta de los Patios de Córdoba, una figura nacida para velar por el correcto funcionamiento y la agilidad y comprensión de la que es la cita por excelencia del Mayo Festivo cordobés, una figura que si no existiera habría que inventarla. Sé que habrá visitantes y hasta propietarios de patios que no estarán de acuerdo con mis palabras y a los que le diría, parafraseando el final de Con faldas y a lo loco, que nadie es perfecto.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios