Su propio afán

Simpleza necesaria

Cada vez más gente percibe la intrascendencia de las elecciones; incluso de las más trascendentes

De las elecciones francesas se están haciendo análisis numerosos, y todos justificados. La realidad caleidoscópica da mucho juego a los comentaristas más variados. Ha vencido el candidato del sistema, bien, enhorabuena, uf. Es un análisis. Marine Le Pen tiene un apoyo de poco menos del 50 % del electorado francés: otro. Vas por Francia y la mitad de los que te cruzas, apoyan a la derecha; y los otros… también a otra más o menos derecha.

"¿La mitad? -dirá el atento lector-. ¡Con la abstención brutal que hubo!" ¿No estarán divididos los apoyos de los abstencionistas, aunque vagamente, en la misma proporción que los votantes? Con todo, yo agradezco la objeción porque, si tuviese que escoger un solo aspecto de las elecciones para hacer mi análisis, me fijaría en esa abstención brutal.

Estando el país vecino al borde de un cambio histórico, con la derecha dura a las puertas, hubiese sido esperable una movilización mayor. Ya por miedo a Le Pen, ya por ilusión de un volantazo en la política de los últimos decenios. Toda abstención debe preocupar. En este caso, más.

Pero cada vez más gente percibe la intrascendencia de las elecciones; incluso de las más trascendentes. A eso no ayuda en absoluto su frecuencia. En uno de los cantos políticos de la Divina Comedia, Dante nos regala una imagen inquietante que es un síntoma. La política que se agita tanto recuerda al enfermo que no termina de encontrar su posición en la cama porque siempre está molesto y no para de dar vueltas.

¿Cómo podría solucionarse esto? Un artículo de Julio Llorente me dio una clave que es muy simple, pero que funcionaría muy bien. Decía el joven columnista madrileño que él votaría a cualquier partido político que prometiese quitarle al Viernes Santo el impropio título de "fiesta nacional" y lo declarase "Día de luto nacional" y, en cambio, hiciera fiesta (por todo lo Alto) del lunes de pascua.

Yo estoy a favor de esa propuesta; pero la traigo aquí porque me parece que estaría muy bien que los partidos, además de sus brumosos programas, que dependen luego de coyunturas que los descoyuntan, se comprometiesen con diez o doce medidas concretas y hacederas que cumplirían nada más tocar el poder. Cosas pequeñas, claras. Estoy convencido de que eso sacaría de la apatía y del abstencionismo a mucha gente más que las promesas macroeconómicas y los campanudos dogmatismos. Votar para nada concreto desanima a cualquiera.

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