El otro día les escribía sobre polis que parecen pistoleros y pistoleros que quieren ser polis, y quedaron varias cosas en el tintero que señalan la quiebra de la democracia liberal que estamos viendo allí y viviendo aquí. Parece ser que a K. Rittenhouse lo llevó su madre, armado con un rifle de asalto, a reventar las protestas y lo recogió para llevarlo de vuelta a casa, dejando atrás dos muertos y un herido, y el presidente Trump opina que fue en defensa propia. El mismo presidente que está alentando a votar dos veces para comprobar la debilidad del sistema electoral estadounidense y defender su tesis de fraude electoral si pierde en noviembre. Lo racial y lo electoral están íntimamente ligados desde el origen de EEUU como nación; desde mi punto de vista el tema central de la guerra de secesión y la abolición de la esclavitud tiene más que ver con lo electoral -derecho al voto de los negros, 15ª enmienda, 1870- que con el reconocimiento de éstos como seres humanos; tan es así que, un siglo después, Lyndon B. promulga la Ley de derecho de voto de 1965, que prohíbe prácticas discriminatorias en el derecho al voto por motivo racial, puro papel mojado en tanto que sigue siendo obligatorio darse de alta en el censo para votar, lo que permite, condado a condado, seguir poniendo barreras de entrada para que las pieles más oscuras no vayan a votar. Es la fuerza del mercado del voto, que todo lo puede.

Si aquí los partidos políticos dedicaran la décima parte de la inteligencia que aplican a lo electoral al rastreo del virus, posiblemente estaría mucho más contenido de lo que está: conozco tipos que diseccionan el territorio y que con una serie de tres ciclos electorales son capaces de decirte qué vas a votar antes de que tú lo sepas. No es que no haya soluciones, es que cualquier cosa que no tenga que ver con los necesarios votos que alzan al mamífero de turno a la plácida lactancia les importa un carajo.

Por eso nos hablan -aquí y allí- como lo que somos exactamente, idiotas, del griego idiotes, aquellos que no se ocupan de los asuntos públicos. Y por eso levantan barreras de acceso a esos asuntos, principalmente a la elección libre de representantes: allí mediante el censo; aquí mediante las listas cerradas y bloqueadas; allí recortan por el lado de la demanda dificultando votar; aquí por el lado de la oferta bloqueando el acceso a las listas electorales a cualquiera que no muestre docilidad y sumisión al líder mamífero de turno.

La falta de respeto es antigua, constante y evidente, y su principal consecuencia la extensión de posturas que dejan de reconocer a la autoridad, unos, ácratas, o cínicos, o nihilistas, no se moverán para sustituirla, pero otros reclamarán -ya lo están haciendo- una autoridad fuerte de su color favorito: un régimen autoritario. En el eje ruptura-reforma no queda espacio para la reforma cuando nos llevan a la ruina. Negro panorama.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios