La vida vista

Ruptura en el PSOE

Alguien tendrá que resucitar la socialdemocracia, y no serán el mudable Pedro y ni la ambiciosa Susana

Susana Díaz y Pedro Sánchez entregaron ayer sus avales en la carrera que protagonizan hacia el liderazgo del PSOE. Victoria simbólica, aunque pírrica, para la primera, que aportó algo más de 63.000 por los 57.000 de su rival. Si se tiene en cuenta que ella goza del respaldo del aparato y que detrás suya tiene al socialismo andaluz, el más multitudinario de España, se deduce que esta leve victoria debe resultarle amarga e inquietante. No está claro el asunto, nada claro. Tanto que, aunque la victoria de Pedro Sánchez se antoje improbable, no se puede descartar. Pero el problema para el PSOE no es tal, no es que gane la señora Díaz o que gane el señor Sánchez, sino que lo duro para el Partido Socialista es que está hoy fracturado por la mitad, crujido en su centro. De un lado los que asumen la Transicición y no reniegan de sus éxitos y de otro los que se sienten más cercanos al PSOE pretransición, marxista, y anhelan un pacto con Podemos para quitar del medio al PP y a la derecha. Las elecciones internas por ello pasarán, pero el problema seguirá ahí. Porque, si gana Susana, ¿cómo podrá ella unificar al partido y movilizarlo cuando lleguen las elecciones? ¿Cómo hacerlo si hay casi los mismos socialistas que la consideran esbirra de los poderes económicos que socialistas que la ven como una líder solvente y europeísta? ¿Cómo conciliar posiciones tan enfrentadas, con gente que cree firmemente en la soberanía nacional y gente seducida por el disparate tarambana de Pedro Sánchez sobre la nación de naciones? No hay forma, o yo no la veo, y lo lógico es que el PSOE se vaya desdibujando cada vez más tal como viene haciendo desde los aciagos años de Rodríguez Zapatero, que, mientras celebraba su méritos innúneros, no tuvo en reparo en hacer dudosa la españolidad del PSOE y en desdibujar sus esencias de partido serio, decisivo en la historia de España. La socialdemocracia, en fin, está en horas bajas, lo que no quita para que esta ideología siga siendo tan necesaria en el paisaje demócrata como siempre. Alguien tendrá en unos años que resucitarla y sospecho que no serán ni el mudable Pedro ni la ambiciosa Susana.

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