EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Intensos titulares, intensa la semana. Tras los Reyes, el roscón y el carbón, el Gobierno. De antesala al último, gritos, insultos y discursos, en diferido, habida cuenta de las fechas escogidas, no había manera de seguir la trama en directo. Entre encargos de última hora, el papel de regalo camuflado en el paragüero y la puesta a punto del material escolar para el segundo trimestre, no nos lo han puesto fácil para tensionarnos en tiempo real. Luego, en el coloquio vivido en persona y en lo visionado, lo leído y lo escuchado en los medios, no había duda de las críticas feroces a unos u otros discursos.

Peligroso el nivel alcanzado -y sobrepasado- de agresividad verbal. La del hemiciclo, de verdadero bochorno; de terror, la volcada en las redes. Amparados ahí, por todo lo que soporta y permiten el anonimato y los pseudónimos. También es cierto que el foro nos regala miles de ocurrencias de creatividad y humor, rápidos y hábiles esos desconocidos, pero en lo serio, mensajes más que deleznables. Parece que se pondrán a depurar responsabilidades penales de quienes desde ahí o desde algún asiento vienen jugando peligrosamente con las amenazas, las calumnias, las difamaciones y las coacciones. Con escraches en sus nuevas formas, vía correo electrónico o por otros canales. Todo un desmán.

Tras los gestos, los análisis del apocalipsis y los llantos de aquel, que parece por fin ver el aprobado raspado, en convocatoria casi de gracia -y por los pelos- parece que empieza a ser hora ya, para que todos, para los que no tenemos cargo y los que lo tienen, nos pongamos manos a la obra. Después de largas temporadas, en plural, en campaña, y atascados en los códigos que la misma impone, tras los mítines, los anuncios de intenciones y los titulares, traspasemos las frases cortas y mensajes fáciles, por fin nos cuenten y nos enteremos de qué vamos y de qué van a hacer, para dónde tirar. Empieza la temporada para reanudar los ritmos y poder ya pararnos a rascar y hurgar en lo que hay detrás del titular, poder valorar desde el sosiego actos concretos e inminentes, que tienen que llegar.

Porque en la vida, por muy frustrados o eufóricos que estemos, no podemos mantenernos eternamente ahí. Llega el momento de sobreponerse necesariamente, incorporarse, remangarse y ponerse. A currar, a hacer. Tenemos un país, una ciudad, un negocio o un proyecto que retomar y sacar adelante. Imprescindible y sin más dilaciones, reponerse del fiasco o el regocijo. Reinicien, hagan.

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