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Responsabilidad

Se apela a la responsabilidad individual, pero la idea de responsabilidad ha desaparecido del discurso político

Leo que una chica de 18 años estaba paseando el perro con su novio cuando un policía local le llamó la atención. Como todo el mundo sabe, sólo puede salir una persona a pasear el perro. Una sola. El policía le pidió que todos se volvieran a casa, pero la chica se enfadó y acabó escupiéndole al policía en la cara. Ahora está detenida. Por cierto, se me ocurre que escupir intencionadamente a otra persona en la cara, en plena pandemia de un virus que se contagia a través de la saliva, debería ser considerado una agravante muy seria. Agravante dolosa, o algo así.

En general, se está cumpliendo bastante bien la orden de encierro domiciliario, pero está claro que cada vez nos va a costar más. Pensemos en las familias con niños pequeños que viven encerradas en 80 metros cuadrados. Pensemos en el ahogo, en la paranoia, en la necesidad física de sentirnos libres. Y aun así, habrá que resistir, por la sencilla razón de que cada vez que salimos a la calle nos exponemos a contagiar a alguien o a ser contagiados. Y el contagio supone un trastorno que repercute en la vida de muchísima gente. En algunos casos, hasta el extremo de que podemos causarle la muerte. Y en otros casos, porque la expansión de la epidemia impedirá reabrir empresas y negocios, de modo que la ruina de mucha gente -empleados y empresarios- se hará irreversible.

Estos días se está apelando mucho a la responsabilidad individual, pero convendría recordar que la idea de responsabilidad prácticamente ha desaparecido del discurso político. Desde hace muchos años se nos dice que la convivencia democrática consiste únicamente en ser depositarios de unos derechos sagrados que no conllevan ninguna obligación. Si alguien contara las veces que se ha pronunciado la palabra "derecho" en los mítines políticos de los últimos 25 años, y cuántas veces se ha usado la palabra "responsabilidad", me atrevería a decir que hay una relación de 10 a 1 a favor de la primera. Entre la izquierda, la palabra "responsabilidad" se ha extinguido: suena a autoritaria, a patriarcal. Pero justamente ahora nos damos cuenta de que la supervivencia de esta sociedad depende en un heroico ejercicio de responsabilidad colectiva. En una sociedad acostumbrada a los halagos, eso viene a ser como obligar a competir en una maratón a unos orondos jugadores de billar. Veremos qué pasa.

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