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Hablemos de los héroes, nombre que está poco alterado que significa génesis del amor

Hay semanas y semanas de mierda. Son una señal las segundas. Semanas en las que todo empieza pero nada se sustancia, como mi corbata V.E.R.D.E. de marmotas, que me pongo para avisar a los más avezados de que algo huele a podrido en Dinamarca y yo no he sido. El Nostoi sin hexámeros dactílicos ni héroes no deja de ser un zurullo dando vueltas eternamente en el inodoro, anulando totalmente la función que describe su sustantivo adjetivado. Iba a escribir sobre significado, significante e insignificancia; de verdad, veracidad y verosimilitud. Les iba a dar otra vez la turra con los que nos dan la turra. Me he visto dando vueltas en el remolino de fecales y me he acordado de los héroes.

Esa es la señal: hablemos de los héroes, nombre que está poco alterado -Sócrates dixit, en el Crátilo de Platón- y que significa génesis del amor. Quizás porque son fruto del amor entre un dios y una humana o viceversa; pero eso era entonces cuando los griegos, ahora los héroes son el fruto del amor a lo que hacen. El que diga que en política no quedan, es ignorante de la existencia de Lara Cantizani y su despacho del sí. Un profe, un poeta, un amigo que se mete a concejal y hace a Lucena soberana y la conecta con el mundo creando espacios y relaciones que serían increíbles si no las hubiéramos vivido.

Haciendo ecúmene tenemos al bueno de Jaime, que se lía la manta a la cabeza, se marca después de Derecho unos estudios judaicos y, olé ahí, se transmuta en Haim Casas, primer cordobés ordenado rabino desde la expulsión de los judíos y alegre profeta en su tierra cuando viene. Alegre profeta regresado a Cañero, coreógrafo de la sinestesia, nuevo rey de los cantes de ida y vuelta, chamán de ritos sanadores que debería recetar la Seguridad Social: Paco Morales, que arte, miarma. Lo que se dice heroico, el amigo Copé, joven contramaestre, capitán en breve, de un navío de noventa metros de eslora y veinte de manga, más de cien de tripulación y mil de pasaje siempre al borde del motín. Como la espuma, hijo de Poseidón con un tridente de seis cuerdas enchufado a un Vox de válvulas, regresa de giras mundiales enfundado en un traje de lentejuelas rosas el inefable Álvaro Suite, derrochando talento y echándonos margaritas a los marranos. En la casa del masón, casi a la orilla del Betis, ríete de los trabajos de Hércules, el gran Ramírez Mora con el teclado de negras y blancas hace el reposo del guerrero, y luego alancea con el de letras a los bancos, o construye castillos en la roca de sus letras de letrado. Insignificantes los que nos dan la turra y, además, mentira.

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