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La Reconquista

No puede extrañar que muchos españoles que aman a su país sientan interés por la Reconquista

Creo que fue Giménez Caballero quien escribió aquello de que los pueblos felices no tienen historia. Cierto o no -me atrevo a dudar de que, ni perdidos en las selvas de la Amazonia, queden pueblos felices a disposición de padres sinodales-, lo que sí puede afirmarse es que los tiempos de crisis hacen aumentar el interés por ella pese al maltrato continuado de décadas en planes de estudio y en prioridades educativas. Puede servir de muestra que, cada año, una universidad de tamaño medio como la de Cádiz reciba a casi un centenar de nuevos alumnos, por cierto mayoritariamente varones en predios tan femeninos como suelen ser las carreras de letras. Y esa aceptación de la Historia, por lo que sé, puede hacerse extensiva a otras muchas universidades.

No llego a saber si ese interés está motivado por la afición de tantos jóvenes a los juegos de consola de remota inspiración histórica, que han sustituido a los tebeos en el primer estímulo de la imaginación que puede desembocar en el gusto por la Historia o, como fuera en mi caso en los años del último franquismo y de la Transición, por la necesidad de encontrar respuestas fundadas al recurrente problema de España. Probablemente esas motivaciones anden mezcladas, pero como historiador de tiempos considerados oscuros por los ignorantes no puedo dejar de asombrarme que un seminario sobre la Reconquista, tal el que en estos días se celebra en Madrid, pueda congregar a públicos numerosos para oír y debatir sobre temas tan llamativamente inactuales como las crónicas asturianas, las estrategias militares del siglo XIII o la frontera de Granada. La Reconquista se convierte casi repentinamente en actual no porque algún político nos convoque a una versión renovada, más bien porque la crisis de España que alienta en los acontecimientos que una y otra vez nos vemos obligados a vivir con creciente dramatismo, en Cataluña hoy, casi en cualquier periferia nacional otro día, nos va haciendo temer un nuevo Finis Hispaniae. La honda preocupación instalada en muchas conciencias puede expresarse también de ese modo, y la historia recupera su vieja misión de suministradora de respuestas, a veces de bola de cristal retrospectiva que lo mismo alimenta temores que los cauteriza.

Algunos niegan hoy validez al concepto historiográfico de Reconquista. No suelen molestarse en disimular su desafecto hacia la España que fue su resultado. Por los mismos motivos, no puede extrañar que muchos españoles que aman a su país sientan por ella un interés creciente.

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