Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

¿'Quo Vadis', Pedro?

No sabemos por qué el presidente Sánchez, por la boca de la inefable Carmen Calvo, ha roto las negociaciones sobre la independencia de Cataluña antes de que empezaran. Porque los veintiún puntos con claro corte de armisticio eran un posicionamiento inter pares, de tú a tú: con un irrenunciable (e inaceptable) reconocimiento del derecho a la autodeterminación de Cataluña basado en otro irrenunciable (y constitucionalmente inaceptable) referéndum de autodeterminación, organizado desde el centro catalán de poder propagandístico. Y con observadores internacionales y todo. Con mediadores. Con el concurso previo de un relator.

Muchos no conocíamos la palabra relator, menos en la acepción que está entre confesor, notario, árbitro, apóstol y superviviente. Lo podemos imaginar con camisa rayada en blanco y negro, revisando los guantes, mientras por la megafonía se anuncia: "En está esquina del cuadrilátero, con calzón estrellado…". El relator, además de un concepto posmoderno, o sea, vacuo, raro y artificioso, es una figura "confusa, innecesaria, peligrosa", en palabras de Iñaki Gabilondo, que ha pasado al lado luminoso a ojos de muchos conservadores a los que chirriaba el vasco (aunque no lo ha hecho tanto como Alfonso Guerra).

Reconocer un mediador o relator internacional era un contradiós institucional, ignorar todos los elementos estructurales del armazón de un país de calidad institucional superior a la mayoría de sus socios de la UE-25. Bajarse los pantalones. Matar al padre de freudianas maneras.

Hay una pregunta que no nos hacemos, según parece, o no nos hacemos con calma y sin odio: ¿no podría ser que Sánchez cree en el derecho a la autodeterminación de Cataluña, igual que Pablo Iglesias y, en general, los votantes de Podemos? Vayamos un paso más allá, quizá un paso hacia el precipicio de las dos Españas: ¿no perciben ustedes que muchos jóvenes españoles , y menos jóvenes, están reconociendo tal derecho, aunque sólo sea por oponerse a una derecha en la que -para su detrimento ideológico- está de pronto muy teñida del azul profundo, casi negro, de Vox?

Yendo la cosa de pantones cromáticos, permitan un colofón: las legislaturas ya nunca serán bicolor. Serán cubos de Rubik, poliedros de gamas. Fíjense en Italia, o en Cataluña. O en el que ha combinado el propio Sánchez para no convocar elecciones y permanecer en Moncloa con 84 diputados como todo arsenal propio. Y lo que toda esa amalgama está trayéndonos.

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