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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Pum catapún pum pum

Todo llega, y el verano lo hace, siempre puntual, hoy, y lo va hacer sacando pecho, con treinta y pico grados tras un final de primavera muy indulgente. Entramos en la estación que sin duda genera una mayor división de opiniones. Dino Martino declara odiar l'estate, el verano, en su canción del mismo nombre, y no pocos abominan con repulsión de la indumentaria veraniega de axila libre, rigurosa bermuda, alarde de tatoo y chancla delatora: este quejido recurrente es otro must del verano. En la otra esquina del ring, los playeros con pedigrí y los buscadores de sitios ambientados (o sea, de bote en bote) están de enhorabuena, aunque sea en su versión dominguera. Lo bueno de la playa es que es gratis.

El verano tiene su propia brecha de género: la de la pelea por el termostato en las oficinas y los hogares. Ellos prefieren más frío; entre ellas las hay hasta de rebequita de emergencia en el centro de trabajo. Hay otras brechas inherentes al periodo estival, y una de ellas es la pasión o la repulsión por la canción del verano, un título extraoficial que consiste en obligarte a estar pegado a un estribillo y un bailecillo cada vez que sales a la calle. O incluso sin salir: por narices, hocicando con el hit de la manada fiestera (porque el verano es en esencia fiestero). Uno de mis traumas vacacionales más indelebles se originó en torturantes noches de agosto en una playa onubense, en una estupenda casa a pie de playa… y un chiringuito a cien metros, que sobre las tres de la madrugada metamorfoseaba en after y te martilleaba el cerebelo con la Bomba de King África, canción que, a mi traumado entender, raya lo delictivo. Ya ven, todos tenemos un pasado más o menos confesable, y el verano también es el que más puntúa en hitos: las pandillas, los besos primeros en la tórrida romería, las amistades eternas de dos meses.

Este verano estaba apuntado a ser uno muy especial, histórico. Pero no lo va a ser tanto: creo que sí, que comeremos camarones del mismo cartucho. Ya hay quien tiene reservado un combinado Formentera, playa familiar con familia, semanita serrana y visitas de válvula a parientes y amigos: son gladiadores de la calor, y lo son vocacionales. Devotos de la fe en que el ritmo no pare en pareo, la perpetua arena interdedal y la sombrilla. Mañana, al leer el periódico tomando el primer café, pondré a todo volumen la más surrealista de las canciones del verano (título muy disputado, por cierto): "Taka Takata, Pum catapún pum pum cómo nos gusta el verano", de Paco Paco. Terapia de choque.

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