Como es seguro que muchos de mis colegas van a dedicar sus palabras a Su Graciosa Majestad, dejamos las nuestras al respecto para cuando todo acabe y retomamos el hilo donde lo dejamos antes del verano, si me lo permiten, con una autocita: "Cortar el gas antes de que lo haga Putin, bloquear todos los activos[…]" En lo del gas hemos llegado tarde y veremos cómo reacciona el pueblo alemán al frío del invierno en este otoño caliente que se acerca. Lo de "la guerra de Putin" que repite machaconamente el guapo entre los bellos es una fatua manera de distinguir entre el sátrapa y su pueblo, que, alienado por la propaganda, es indisoluble de su líder, cuando la distinción debe hacerse entre la grey y cada individuo.

Observemos la propaganda que adhiere al pueblo ruso al Kremlin y que ha pasado inadvertida durante más de una década, en parte por lo esperpéntico de su temática y su estética, en parte por desconocimiento o desinterés, y en parte por la barrera defensiva que supone el alfabeto cirílico que, como el chino, mantiene a salvo de la curiosidad occidental la mayoría de lo que pasa por aquellos territorios.

Un paseo por la calle Arbat, dónde los turistas, divertidos, se hacían fotos con dobles de Stalin como si tal cosa, me llevó a preguntar si tal cosa era normal, a lo que se me contestó con una lista de bestsellers de revisionismo histórico cuyos títulos congelan la vena: Manual del estalinista, Las represiones de Stalin: una gran mentira o Beria: el mejor administrador del siglo XX. Comenté que la propaganda a través de los libros de historia no debería tener demasiado impacto y la respuesta fue un lisérgico recorrido por publicaciones de tapa blanda, de historia ficción -batalla fantástica-, viajes en el tiempo trufados de odio, resentimiento y cuentos de superioridad militar rusa en todos los escenarios espaciotemporales que puedan imaginar, en una gradación infernal que va desde la anticipación de lo que ahora está pasando en Ucrania -hay toda una serie: Ucrania en llamas-, hasta la expresión de las más profundas taras colectivas en títulos como Camarada Hitler ¡Ejecute a Churchill! en las que se fantasea con un mundo forjado sobre el pacto Ribbentrop-Mólotov. Y eso la peña si se lo traga.

Igual sería conveniente el bloqueo general de visados a turistas rusos que solicitan los países bálticos y, añado, el estudio cuidadoso y caso a caso de los que soliciten establecerse en occidente lealmente. Hay cerebros y capitales bajo toneladas de pulp fiction buscando una salida oigan.

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