No recuerdo si les dije que la semana pasada bajamos a Madrid a montar una caseta en una feria que se hace en abril pero no es la de abril y que sólo se pareció a lo que la Feria es -o era, en mi recuerdo- en el jamón y las buenas relaciones de confianza que nacen en torno a un buen propósito como el que nos guía. El caso es que llegué con las maletas directo a la Cruz de San Andrés -que es mi cruz predilecta porque tengo abono de temporada en esa plaza, que es uno de esos sitios de Córdoba que te da el stendhalazo, no puede haber más belleza junta, quieta y transeúnte- con ganas de jarana y planes primaverales que incluían sacar los aperos de cuiner hacerle una paella a unos amigos en Montilla, y tirar ancá mi hermana a echar un par de día en la Feria con mi dueña y señora que a pulso nos lo habíamos ganado. Pero no.

Al final, tanto jugar al pilla pilla y lo he pillao. El virus sigue aquí, la vacuna funciona pero, ojo, la paliza que te mete el bicho no es cosa menor, que diría aquel, y aquí ando autoconfinado, apenas sintómatico, a la espera de un negativo que me abra la puerta de chiqueros y poder salir -de tu mano, amor- a disfrutar de esta bella primavera que nos ha estallado llena de alegría, cargada de la luz y la energía de esta bendita tierra capaz de sobreponerse de los más duros trabajos, o de su falta, de disfrutar de la belleza y la amistad en medio de tanta barbarie, de sacar oro de cada gota de agua y alegría de cada oportunidad. Vivir esta primavera como si fuera la última, que es como él la vivía, sin mirar los nubarrones que pudiera haber en el horizonte, sabiendo que en cada momento somos la versión más joven de nosotros mismos y teniendo siempre presente que el que no come después de harto no trabaja después de cansado es un lema como otro, pero es el nuestro: una suerte de hedonismo-laborismo que marca el equilibrio de los excesos por las puntas, sin ser libertino ni estajanovista; que nos permite una actitud inmoderadamente moderada que posibilite llegar al verano -ya saben, el tiempo verdadero- con una copa de fino en la mano y bailando sevillanas contigo cada rato, eso querrá decir que estamos en nuestros cabales. Es importante que cada cual encuentre su método de estar en sus cabales, importante para cada uno e importante para la defensa de lo nuestro, que es algo que trasciende este tipismo que les cuento y que yo adoro y disfruto y que no necesita ser compilado como hecho identitario. Trabajo, disfrute, belleza, luz y cabales. Pongan lo que quieran.

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