Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Presupuestos… o cosmética

Esto no es sólo cosa de economistas: los Presupuestos Generales son la madre de todos los corderos

Una de las cuestiones que nos hacemos desde que se anunciara y, sobre todo, se aprobara la moción de censura que ha cesado al Gobierno para que Pedro Sánchez forme el suyo es qué puede hacer el nuevo gabinete, y cuánto tiempo tendrá para hacerlo. Nos pongamos más o menos forofos, hay varias cosas que debemos dar por ciertas antes de elucubrar sobre ese qué y ese cuándo: que lo sucedido es legal; que Rajoy debería haber dimitido hace tiempo por estar en la cúspide de un cerro bastante compuesto de estiércol; que, a pesar de esto, los datos de su última gestión son, en general, buenos o muy buenos a tenor de los datos de paro y PIB, inversiones, prima de riesgo, déficit y algunos otros; que el objetivo de la moción es echar a Rajoy, y no conformar un frente parlamentario con todos los colores del arcoíris; que el propio PSOE tiene un grieta Norte-Sur. Y, muy importante, que para poder llegar a ese consenso de difícil armonía, el nuevo presidente se ha comprometido a quedarse con unos Presupuestos Generales aún humeantes del horno, que él rechazó de plano y que han supuesto que Aitor Esteban, del PNV, le venda la misma burra dos veces al mismo Estado. Qué habilidad. Qué histórica habilidad.

Ya mirando hacia adelante, es fundamental no perder de vista esto último: los Presupuestos de Rajoy serán los de Zapatero. Y nunca olvidar que los Presupuestos son la ley básica de la gestión de un país, y por ello constituyen el objeto de la única norma que es de obligatoriedad anual. Esto no es cosa de economistas: no se arrugue y piense en su propia casa; en sus ingresos y gastos, ¿puede usted obviar la planificación económica? O es rico cósmico, o pobre de solemnidad… o insensato. Presupuestos Generales: en qué vamos a gastar lo que vamos ingresar. La pregunta es: si los presupuestos los ha hecho el otro, ¿cómo los va a asumir este? Cierto es que las partidas se pueden cambiar de uso o de cantidad, con acuerdos parlamentarios que sacarán a la palestra recurrentemente a la coalición diversa en extremo que ha sacado adelante la moción. Muy difícil de hacer operativo. Por tanto, sin lo fundamental, o sea, sin aplicar los Presupuestos, lo que queda es cosmética, funambulismo y cabildeo: no lo llamen política. La cosa tiene el recorrido que tiene. De momento, Sánchez ha anunciado un Alto Comisionado contra la Pobreza Infantil… que depende de él directamente: en algo, en este tipo de causas con pegada noble y solidaria, no deberá de entrar en el intercambio constante de estampitas que ha venido para instalarse. No sabemos cuánto.

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