Son la caña. El viernes pasado, tras el Consejo de Ministros, el de Interior, en funciones, dijo que el Presidente, en funciones, iría a la zona afectada por la gota fría, como el resto de los responsables políticos del gobierno, en funciones, cuando su presencia no fuera disfuncional. Esto pasó porque ese mismo día estaba previsto que acudiera Sánchez, pero no fue, y le tomó la delantera Casado. Claro, después los periodistas preguntan y sale la política palabrera, única diversión a la que podemos aspirar. La presencia del ministro dejó de ser disfuncional esa misma tarde y la del Presidente el sábado, cuando sobrevoló la región. Que vayan es sencillamente irrelevante, como irrelevantes son las tonterías que tenemos que soportar.

Comprendo que se busque la foto porque la política tiene mucho de construcción de una imagen. El problema es que solo haya imagen y preocuparse por preservarla en el momento justo sustituya al fondo. Ésa es la raíz del asunto: tiene que haber mata para que haya patata. Lo que resulta verdaderamente disfuncional en todo este lamentable circo es que sigan en funciones, sean las que sean. Sin mata ni patata.

En funciones se traduce en política real por al tran, tran. Un gobierno está en funciones cuando su mandato expira, antes de las elecciones, con su convocatoria, y hasta que otro surgido de las urnas, investido el Presidente por el Congreso, lo sustituye. Lo bueno de estar en funciones es que, como sus facultades están tan limitadas por ley, pueden dejar de disimular y no hay por qué camuflar la incompetencia. Basta con encogerse de hombros ante la desesperación del respetable que eventualmente reclame lo que sea y decir que yo lo haría; de hecho, me encantaría, pero, ya ves, no puedo, estoy en funciones. Así, el campo queda libre para culpar al otro, al que sea, de estar en funciones: que si por mi fuera, esto estaba ya, que si falta de responsabilidad, que si falta de confianza. Hasta aburrir. Lo consiguen. Lo que nos falta es política con mayúsculas.

La disfuncionalidad que procura el gobierno en funciones no implica una parálisis total. Para decidir y disponer asuntos importantes, sí. Pero no todo es eso. Pueden, en cambio, enseñar una batería de medidas que tomarían si se superase el bloqueo. Y, entonces, respiramos tranquilos. Se suceden los días desgranando propuestas, una tras otra, a cual mejor, claro, que estarían en marcha si el gobierno en funciones dejara de serlo para convertirse en gobierno a secas. Que sea o no posible es una cuestión menor. Disfuncional, diría yo.

Es lamentable comprobar la incapacidad de esta generación política. Si hay elecciones, repetirán los mismos tipos vacíos, no sé en qué orden, pero con las mismas faltas. Va a caer lo más grande, amiguitos, y el tiempo que malgastáis es nuestro. Sois la disfunción. Y una vergüenza.

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