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Mensaje en la botella

Planes que chocan

Elevar los sueldos del personal sanitario o reforzar la plantilla del sistema cuesta dinero

Aún no se han cumplido los cien días de cortesía que se supone tiene cada gobierno, en este caso el de la Junta de Andalucía que conforman PP y Ciudadanos, eso sí, con respaldo de Vox. Ya dije en esta misma sección que los de Juanma Moreno y Juan Marín no tendrían ni cien segundos de respiro. Esperábamos una nueva Junta de Andalucía en la que sus gestores -no socialistas- entraran en la institución con pies de plomo, cautelosos a la hora de levantar alfombras, aunque firmes en la necesidad de que circule aire fresco en una administración viciada por el PSOE durante cuatro décadas y por el montón de acólitos que se hicieron pasar por socialistas para vivir de la mamandurria.

Lo que estamos encontrando en el Ejecutivo andaluz es el gobierno de los planes, algunos con el adjetivo añadido de la palabra "choque". Plan fiscal, educativo, de la dependencia. Pero el que se lleva el premio en este apartado es el consejero de Salud y Familias, Jesús Aguirre, quien en poco más de dos meses y medio ha realizado tal cúmulo de anuncios que se ha convertido sin duda en el miembro del equipo de Moreno con más presencia mediática. Planes de choque contra las listas de espera, para evitar la fuga de batas blancas -que no es otra cosa que pagarle más a los médicos para que no se vayan a otras comunidades o al extranjero-, reducción a 30 del número de consultas diarias de los facultativos de Atención Primaria, más formación, más presupuestos y alguna que otra idea añadida.

No dudo de la capacidad de Aguirre ni de su conocimiento de la sanidad por ser precisamente médico de familia. También es sabido que lleva varios años trabajando en un plan (otra vez sale a la palestra la palabra) de mejora de la salud pública para su partido, el PP. No obstante, como suele decir un dirigente popular, una cosa es predicar y otra muy distinta dar trigo. El consejero argumenta que todo es posible porque hay margen para racionalizar le gestión del sistema sanitario.

Seguramente sea así, pero a nadie escapa que elevar las prestaciones económicas del personal cuesta dinero. Reforzar las plantillas de aquellos hospitales con más déficit de trabajadores, también. Elevar los presupuestos tiene su coste, al igual que la formación que reclama el consejero. Si todo ello se combina con la rebaja fiscal anunciada por el titular de Hacienda, Juan Bravo, pues parece razonable pensar que hay cosas que no cuadran o, cuando menos, que generan ciertas dudas.

Hasta que se cumplan los cien días admitiremos todos los planes que se presenten -estamos en plena campaña y seguro que eso también anima a los políticos, a todos-, pero algún día tendrán que explicar cómo piensan financiar esas medidas si se bajan los impuestos. Confío en que sean convincentes, porque de lo contrario pasaríamos del plan de choque al estado de shock.

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