últimamente hay temas que se me pasan de semana y se quedan en el tintero. Los dejo ahí porque traérselos aquí me da la sensación de que sería como invitarles a un yogur caducado. La mayoría de ellos tienen que ver con las ocurrencias de los ministros de Consumo e Igualdad; aunque igual no se pudren porque caduquen, lo más seguro es que ya vengan podridos de fábrica.

Los de ella los obvio por autocensura, bastantes amigos hago desde que soy estilita como para soliviantar a las hordas que maneja la señora; los de él los voy dejando pasar porque suelen ser carajotadas supinas e insustanciales que normalmente me llevan a cuestionarme cuál es el listo de los hermanos Garzón, y eso es un problema límite sin solución cuyo intento de respuesta dejaría colgado en bucle al Deep Blue aquél que le ganó a Kaspárov. El bucle del tonto y la linde, vaya.

El caso es que, como decía el paisano Ibn Hazm, el ministro persevera consciente de que el agua horada la roca a fuerza de caer sobre ella, tiene en mucho lo poco conseguido y ahí está, día a día diciéndonos como tenemos que comer, beber, andar, respirar, jugar, pensar… Hasta el punto de que, por nuestro bien y con nuestra pasta, nos explica con pelos y señales -bueno, sin pelos, pero con dibujitos- cómo hay que meterse un pico en el caso de que uno quiera desinhibirse para ir a alegrarse el ojal en una sesión de una cosa que llaman slamming o chemsex.

Si tienen ustedes curiosidad -y estómago- busquen en Gúgel "Guía para la reducción de daños asociados al uso de drogas inyectables en las sesiones de sexo" y empiecen a leer: la estupefacción será inmediata y sin estupefacientes. Para evitar daños a los mas sensibles me permito aconsejarles que dejen la curiosidad a un lado y les extracto algunas perlas: "Si consumes sustancias por vía inyectada, o crees que podrías hacerlo en un futuro, es importante que aprendas cómo hacerlo de forma segura.[…] Tómate tu tiempo y sé cuidadoso.[…] Dale tiempo a tus venas para que se recuperen. Inyéctate, al menos, a un centímetro de distancia del último punto de inyección." Está claro que el señor ministro de Consumo se preocupa mucho por el consumo y propaga que hemos de "elegir un dealer de drogas que te ofrezca confianza, que tenga experiencia y que conozca bien las drogas que vende."

Cada cual es libre de meterse lo que quiera y de ponerse en el ojal la flor que más le apetezca y el Estado en estas cuestiones debe de abstenerse. Que ya somos mayorcitos.

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