Teníamos cinco niñatos y uno se ha hecho hombre de la hostia, con hache por el sacrificio que es lo que le honra, bendito sea el pueblo español dando lecciones. O sea, que se la lleva y es cuerpo sacrificado por todos nosotros, si hemos de hacer caso a hagiógrafos a sueldo y espontáneos de pacotilla. Tampoco es para tanto, por mucho que debiera ser lo habitual: baibai Alberto Carlos, que te vaya bonito. Nos quedan cuatro niñatos y el demogorgon crecido a este lado del portal con las tareas bien hechas. Las mayorías cualificadas necesarias para acometer las reformas necesarias no sólo están menguando elección tras elección, es que tras los resultados, aquellos que podrían forjarlas se calzan las orejeras y van de cabeza al pesebre sin más miramientos. ¿Cuáles son esas reformas? Las más urgentes, antes de que desaparezca la posibilidad de acometerlas, aquéllas que tienen que ver con las reglas del juego: CE 1978 y Ley Orgánica del Régimen Electoral General.

¿Qué reformas? Un gran acuerdo que saque del Congreso de los Diputados a aquellos partidos que no alcancen representación en -digamos- 15 provincias, y que corte de una vez el mamoneo catalán y vascuence a la hora de formar gobiernos en España; a cambio, una reforma integral del Senado para conseguir una verdadera cámara de representación territorial -ojalá distritos unipersonales de 100.000 electores con listas abiertas y desbloqueadas- y un referéndum en toda España preguntando si queremos, o no, que se regule la secesión, estilo OTAN, de entrada no, pero sí y al fin vamos que nos vamos, las borregas en el corral y aquí no ha pasado nada, no sé si me explico.

Podrían ser éstas las reformas, u otras, da lo mismo, el caso es que vuelvan a forjarse grandes acuerdos que incluyan a la mayor parte del arco parlamentario, dejando fuera a los extremos: lo importante es expulsar al fascismo de la política española. Pero, ¿cómo reconocemos el fascismo? Es tradicionalista, rechaza las innovaciones y el pensamiento crítico, teme a la diferencia, potencia a los nacidos dentro y utiliza la frustración individual como motor de lucha contra el enemigo; sólo aprecia al individuo cuantitativamente, en tanto parte de una mayoría; está dirigido por una aristocracia privilegiada respecto al resto y habla la neolengua.

Miren hacia dentro los militantes de todos los partidos y verán que los primeros fascistas que hay que expulsar están mamando en las ejecutivas de las organizaciones; luego miren hacia fuera y tiendan puentes con el más diferente: eso es lo único que puede desplazar a los ultras. La alternativa ya nos la dejó escrita Defcon2: "Si estás con nosotros, estás contra ellos./ Te guste o no ya no hay término medio./ Poco pan y pésimo circo".

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