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Cambio de sentido

Pesadilla en Brasil

¿Qué somos capaces de votar en nombre del desencanto y la falsa prosperidad?

Qué esfuerzo, ser xenófobo en un país en cuya sangre se mezclan gentes venidas de tantos lados. Qué difícil, ser racista en la república de Orfeo Negro. Complicado, ser gris en el lugar donde aprendieron -me lo contó Luca Argel, que cuida el legado de los poetas do samba- que la alegría es o era una forma militante de disidencia. No cabe en cabeza humana ser machista en una tierra ardientemente volcada hacia el mar. ¿Persecución en el país del carnaval a quienes se aman y ayuntan como quieren y suelen? Parece imposible, y sin embargo.

En la ficha del consulado brasileño en Cádiz viene la fecha -octubre de 1955- un nombre -María- y su foto -una mujer fuerte, cuyos ojos recuerdan a los míos. Porta en el regazo a una niña estupefacta-. Hace 63 años, parte de mi familia llegó a Sao Paulo en aquellos barcos. Vivieron de la albañilería y de recuerdos colgados en las paredes. Salieron de una dictadura para, al poco tiempo, caer en otra. La sociedad brasileña -leo, subrayo- se mostró inicialmente entusiasta con el régimen. El motivo: la economía. No sé si la historia se repite, lo que sí está claro es que nos revuelve el estómago. ¿Qué somos capaces de votar en nombre del desencanto y la economía?, ¿a qué suicidio civil nos abocamos?, ¿acaso no puede haber más prosperidad y mejor repartida en una sociedad que vive y deja vivir?, ¿es el progreso económico o la lucha contra la corrupción el gancho para que vuelvan banderas victoriosas al paso macabro de su paz?

"Durante la dictadura se torturaba mucho pero se mataba poco"; "No te voy a violar porque no te lo mereces"; "[Los afrodescendientes] no sirven ni para procrear"; "Si veo a dos hombres besándose en la calle, les voy a pegar". Son sólo algunos de los esputos salidos de la boca del que gobernará Brasil a partir de ahora. Al lado de éste, Trump es Bambi. Sin duda hará las delicias de quienes no saben que lo políticamente incorrecto debe servir para no ser cómplices de la barbarie.

En estos días releo La república de los sueños, la novela de Nélida Piñón sobre el Brasil y sus migrantes españoles. Dice uno de los personajes: "Sólo hay un reino verdaderamente válido, el de la insubordinación y el sueño. Por eso, deberíamos oponernos a todo gobernante militar, aun liberal". Bolsonaro trae trazas infaustas. La república de los sueños está tornando la realidad en pesadilla. Que allí y aquí y doquiera que emerja, la ultraderecha tope con la dignidad y la cordura enfrente y en contra.

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