El peronismo, que es una entelequia imposible de explicar racionalmente aunque tengas un doctorado en políticas y otro en filosofía, incluso habiendo vivido en la Argentina y hables el quechua del colla calvo de Cerrillos y el lunfardo de El Tigre con los pibes de la barra brava o los más arrastrados conductores de remis truchos que pululan por Puerto Madero, se revela prístino en sucesos como el que hemos visto esta semana. No vamos a poner en duda aquí -o sí- el intento de bajarse a la Kirchner, que condenaríamos sin ambages de haberse llevado a cabo; pongamos el foco en el Decreto de Necesidad y Urgencia del gobierno de Alberto Fernández que estableció feriado nacional el día de ayer para que la gente pueda expresarse.

Parar toda la economía productiva de un país -es tan exigua que igual ni se nota el paro- para organizar una manifa gubernamental arrimando a la ascua su sardina: eso es el peronismo. ¿Les suena? Pues debería, porque hace tiempo que ha cruzado el charco e impregna como brea todos nuestros partidos e instituciones sin distinción en mayor o menor medida: es el pensamiento blando (pensiero debole) según el cual se desprecia la lógica unívoca y la interpretación se torna en relativa y libre -dicen- en su curso. ¿Qué libertad puede haber cuando la verdad puede ser una cosa y la contraria? ¿Qué libertad, cuándo la relación que dicta la verdad es la subjetividad del que enuncia?

¿Qué libertad, cuándo los partidos se constituyen en entelequias -fines en si mismos-, cárteles de las papeletas que bloquean la oferta electoral, poniendo siempre a los mismos perros con distinto collar -ahora en las municipales, mañana al senado, pasado a las autonómicas-, o a perras nuevas con el collar de siempre? ¿Qué libertad, cuándo las Evas y los Adanes de la nueva política tardan cerocoma en reproducir todas y cada una de las malas artes de los de siempre, pero con un amateurismo insufrible, que pareciera que han externalizado las juventudes autistas y las nuevas degeneraciones y las han pintado de morado y de naranja?

Les dejo aquí la 1ª, 4ª, 7ª, 8ª y 9ª verdades peronistas:

La verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo.

Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista.

Ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando […] comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.

En la acción política, la escala de valores […] es la siguiente: primero la patria, después el Movimiento y luego los hombres.

La política no es […]un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional.

Aplíquelas cada lector a aquéllos a los que vota.

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