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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

¡Pedro, sé fuerte!

No nos debería molestar que el Gobierno sea ambicioso, se arriesgue y utilice todas las bazas posibles para gobernar

Los votantes del PP estarán aplaudiendo? Tórrida noche de verano en el Festival de Mérida. El teatro, abarrotado. Las casi dos horas de la versión libre (sarcástica e irreverente) con que Félix Estaire y Miguel Murillo se han atrevido a actualizar La comedia del fantasma de Plauto saben a poco. No tenemos que viajar a la época grecolatina para entender la avaricia del rico, la usura del banquero ni la desesperación del desahuciado. El dinero, como la falsa moneda, pasa de manos en manos. La caja B (del PP, sin mencionarlo) y la corrupción en que se instalan todos los personajes (con Barcenón de Génova marcando el embrollo) dan forma a una historia que nace sin más pretensiones que el divertimento pero que acaba convirtiéndose en un lúcido testamento de la era Rajoy.

En apariencia. Porque los chistes son cercanos y reconocibles -entre el ¡Sé fuerte Luis! y el Jaguar sorpresa de la ex ministra Mato- pero la moraleja sobre los vicios y las mentiras que se ocultan tras la fachada de la virtud sobrepasan las frágiles coordenadas geográficas y temporales de la política.

Con sólo unos meses en La Moncloa, Pedro Sánchez y su equipo han sentado las bases para continuar la comedia de enredo. Empezamos salvando a los inmigrantes del Aquarius y ya estamos defendiendo las expulsiones en caliente en la frontera de Ceuta; los lazos amarillos se han convertido en protagonistas del desafío catalán y hasta se ha resucitado el fantasma de Franco para situarlo en símbolo de un mandato que sólo fue provisional y circunstancial -"para regenerar el país"- el día que se anunció.

Pintado así tendría que sumarme a la corriente de opinión fabricada (¿de qué hablaría Rajoy con Feijóo, Florentino Pérez y el director del Abc en un larguísimo almuerzo vacacional en Galicia?) que cuestiona la legitimidad misma del PSOE para gobernar (porque no ganó en las urnas sino en los despachos), critica que busquen subterfugios legales para sacar medidas adelante (incluido el proyecto de Presupuestos desactivando el veto del Senado) y reclama con insistencia que se convoquen elecciones. ¡Otras más!

Es evidente que la era Sánchez está arrancando con incoherencias y errores de principiante pero no nos debería molestar que sea ambicioso y se arriesgue a la hora de gobernar. ¿Sería mejor llegar a grandes consensos que aprobar decretos de urgencia? Es una obviedad que se desinfla justo cuando nos enfrentamos al dilema de intentar cambiar el rumbo -aunque a veces nos quedemos en la simple fachada- o seguir deambulando al estilo Rajoy. Y al menos de momento, no todos los fantasmas son iguales.

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