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Crónica Personal

Pedro Sánchez y las coaliciones

Alegar que las coaliciones perjudican a los partidos es falso: lo hacen los líderes mediocres con propuestas inasumibles

Pedro Sánchez ha declarado al Corriere della Sera que nunca había pensado en formar una gran coalición con el PP porque "así desapareció el Pasok". En su derecho está en gobernar con quien quiera o quien más le convenga incluso si se trata del partido que según él mismo sólo de pensarlo le quitaba el sueño; pero poner como argumento la desaparición del Pasok, no parece el ejemplo más acertado.

Cualquiera que siga mínimamente la vida política, nacional y extranjera, sabe que las coaliciones no son malas en sí mismas ni eliminan del mapa a uno de los coaligados o a todos ellos, sino que lo que importa es el comportamiento del gobierno de coalición, la confianza entre los partidos coaligados y su reparto del poder y, sobre todo, cómo perciben los ciudadanos el resultado de esos acuerdos de varios partidos para dar estabilidad a un gobierno. Hoy en Europa el auge de Los Verdes se inició asumiendo responsabilidades de gobierno en situación de minoría, con ministros que, por su eficacia, potenciaron las siglas de su partido. Y en Alemania la coalición entre el SPD y Los Verdes potenció también a los socialdemócratas hasta que Schröder, en su coalición con los democristianos, se dejó comer el terreno por la fortaleza que demostró la nueva canciller, Angela Merkel. Que se potenció en sucesivas coaliciones hasta que comenzó su declive por el desgaste propio de quien dirige un país durante muchos años.

Los ciudadanos, cada vez con más frecuencia, votan personas más que siglas, y si ahora se advierte a la legua el declive de Podemos, no es porque forme parte de una coalición con el PSOE, sino porque la decepción que provocan sus dirigentes cuando han tocado poder, sobre todo Iglesias y Montero. Decepción por sus actitudes personales más que las políticas, que ya se cuidan Calviño y el propio Sánchez de que no salgan adelante las más disparatadas. Y si hay rechazo hacia el PSOE -aunque seguirá ganando porque Casado no acaba de acertar- es más por las mentiras sistemáticas de Sánchez, por su arrogancia y por su forma de no separar lo público de lo privado, que por ser el primer presidente en formar una coalición de gobierno. No gusta su socio, es cierto, pero sobre todo no gusta que haya destrozado un partido cargado de historia y que muestre tan escaso respeto hacia cuestiones que formaban parte del ADN socialista.

Sánchez puede encontrar mil razones inteligentes para explicar que nunca se planteó una coalición con el PP. Pero que alegue que las coaliciones perjudican a los partidos es falso: a los partidos les perjudican líderes mediocres con programas de gobierno inasumibles.

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