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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Pedro y Pablo

Pablo Iglesias está ganando el combate de las ideas dentro de la izquierda española. Cuando el PSOE reaccione, será tarde

Como muchas de las fortalezas construidas en el Antiguo Régimen en Europa y sus colonias, la de Pedro y Pablo, en San Petersburgo, fue diseñada por un arquitecto de nombre italiano, Domenico Trezzini, padre del barroco ruso. La ciudadela fue tomada por los bolcheviques el mismo día en que asaltaron el Palacio de Invierno, el 25 de octubre de 1917, para acabar con la incipiente democracia rusa (no con el absolutismo de los Románov, como increíblemente se ha hecho creer). Hoy es un museo donde los turistas se hacen fotos con el río Neva y el Hermitage al fondo, pero su visita, como tantas en la vieja Europa, no deja de ser un recordatorio del horror de un continente que ha producido lo mejor y lo peor de la historia de la humanidad. Como diría el profesor Lazo: "De la Belle Époque a los campos de exterminio".

Es curioso que el nombre del dueto de progreso que nos gobierna, Pedro y Pablo, coincida con el de los dos fundadores de la Iglesia que dieron nombre al castillo ruso: Pedro, el humilde, santo y zoquete pescador que simboliza la fe del arriero; Pablo, el intelectual helenizado que da la dimensión universal a un proyecto que podría haber quedado en otra minoritaria secta judaica. El reparto de papeles en el actual Ejecutivo no es exactamente igual, pero sí se observan ciertos paralelismos. Sánchez se parece poco al Pedro evangélico. Su personaje político no tiene la grandeza humana del pescador del lago de Genesaret, ni mucho menos su encallecida humildad. Más bien, el socialista madrileño peca de una peligrosa mezcla de soberbia y temeridad. Sin embargo, Pablo el Podemita sí tiene similitudes con su tocayo de Tarso. Hasta en el apellido Iglesias se observa ya una voluntad. Ambos comprendieron el poder de la palabra -bien sea en forma de epístolas o de vídeos- y que sólo se transforma el mundo si se gana el combate de las ideas.

A Sánchez le viene bien Iglesias, porque le sirve para tapar su indigencia política y consumar su apetito de poder. A Pablo le viene bien Pedro, porque le deja libre todo un campo de acción ideológica para construir el nuevo discurso de la izquierda española. Es eso exactamente lo que está haciendo el líder de Podemos, ganar la batalla de las ideas dentro de la izquierda, preparar el futuro asalto al Palacio de Invierno Socialista, poblado por seres idiotizados por su ambición, incapaces de pensar a largo plazo. Cuando el PSOE reaccione será un mero exoesqueleto vaciado de sustancia, sin teoría política ni capacidad para generarla. Son las epístolas de Pablo las que cambian el mundo, no el cimbreo de Sánchez, aunque él crea lo contrario.

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