Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

'Patria' fue así

Ante las críticas a 'Patria', cabe decir lo que la abuela de García Márquez: yo sólo sé que todo eso se lo contaron. Y lo vivió

Al ver el primer capítulo de Patria tengo la misma temprana sensación que me causó Solas, de Benito Zambrano. Quien dibuja esos paisajes lluviosos en imágenes, escoge a los actores y los sitúa en escenas tan domésticas conoce muy bien lo que va a retratar. Bittori y Miren, los dos personajes principales, no son dos actrices que interpretan, sino unas amatxus que parecen haber sido recogidas por Aitor Gabilondo mientras iban al mercado a por un poco de bonito. Los pueblos de Guipúzcoa son de Guipúzcoa, los chavales abertzales son los mismos que hemos visto durante tantos años, y el odio y el miedo se confunden sin distinción en esa espesa niebla en la que estuvo envuelto el País Vasco hasta hace muy poco.

Fernando Aramburu formuló muy bien la relación entre dos familias de una misma cuadrilla para escribir sobre el drama vasco causado por ETA. Patria es un gran libro, tanto que servirá de referencia para ese periodo histórico, pero Aitor Gabilondo lo ha engrandecido en la serie que emite HBO. Llevo tres capítulos, y espero casi con una ansiedad de tiempos pasados, de cuando sólo había dos canales y uno de ellos era el UHF, a que llegue el domingo para ver el próximo. A veces estoy tentado de repetir la visión de algunos de los emitidos.

He leído algunas de las críticas que se vertieron sobre la serie con motivo del estreno del primer capítulo. La de la elección del cartel, compuesto por dos imágenes que llevan a pensar en una obra equidistante entre ETA y sus víctimas, es banal, la obra no tiene nada de falsa neutralidad, pero no conviene obviar que la tortura y los malos tratos también existieron. Eso fue tan real como la insistente lluvia cantábrica.

La más grave de las críticas trata de sostener que Patria es un plagio de muchos libros pretéritos, a lo que sólo cabe responder con aquella simpática acusación que la abuela de García Márquez hizo sobre el nieto: yo sólo sé que todo eso se lo contaron. A Aramburu se lo contaron y lo vivió, Patria es verdad, tanta que cada uno de los personajes habrá bebido de varias personas de la vida real. Ha llamado mucho la atención el cura que consuela a la madre del etarra, el que le insufla orgullo patrio por el joven cachorro -"¿quién rezará, si no, en euskera?"-, a la vez que trata de que la víctima se marche del pueblo con argumentos tan falsos como piadosos. Pero hubo muchos de estos curas, y no todos fueron sacerdotes.

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