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Tomates y calabazas

Lourdes Chaparro

lchaparro@eldiadecordoba.com

Pasajeros

Extremadura necesita un tren digno y la N-432 un desdoble desde hace demasiado tiempo

Soy de Don Benito (Badajoz) -sorpresa para quien no lo supiera aún- y sí, donde la Policía cargó contra los agricultores el miércoles. El caso es que las comunicaciones con mi tierra extremeña -que necesita de una vez por todas un tren digno- no son de lo mejor que hay. A saber, tenemos la N-432 hasta Córdoba, esa carretera que clama al cielo un desdoble desde hace ya demasiado tiempo, y la aventura de coger un tren, digamos, la deseché hace demasiado tiempo por aquello de que viajar por traviesas del siglo XIX no entraba ni entra en mis planes.

A falta de vehículo propio aquí, pues no tienes más remedio que coger el autobús y compartir experiencias con vecinos de la zona norte de Córdoba y conocer sus pueblos. Pero claro, ante una distancia de poco más de 186 kilómetros y tardar algo más de cuatro horas en autobús, pues hace algún tiempo que me decidí a ser usuaria de blablacar para sorpresa de muchos. Mi primer viaje fue una día de Nochebuena. Punto de partida, la estación de autobuses de Córdoba, destino Don Benito. Pues allí que apareció un chaval procedente de Granada con un coche negro. En una de las puertas, una pegatina con la cara del maestro Camarón. Ese primer viaje resultó interesante porque la conversación fue fluida y reveladora. El conductor era (supongo que sigue siendo) traductor de árabe y trabajaba en Granada. Y esos 186 kilómetros pasaron entre diálogos pasajeros, divertidos, recuerdos y costumbres calabazonas.

Perdido el respeto inicial a lo desconocido, he seguido usando este método de transporte colectivo y me he convertido en pasajera habitual y cada uno de estos viajes ha sido para enmarcar. Los diálogos han sido de los más delirantes y dispares, desde recibir una clase de cómo surgió el rap -y pasar dos horas escuchando esa música- a afirmaciones tales como que la leche de alpiste es buena para quienes padecen diabetes. Desde el padre que lleva a su hija a estudiar a Málaga y no le duelen prendas en hacer blablacar para cubrir gastos o el joven que lleva a sus padres de pasajeros y no tiene reparo alguno en incluir otro más. Desde el que va a su pueblo para comprar un lavavajillas industrial para su bar en la costa malagueña a quien cada viernes por la tarde pone rumbo a Córdoba tras una semana trabajando en Extremadura.

Con este tipo de viajes en los que vas de pasajera expectante, vas acumulando experiencias y también sabiduría. Además, te permiten conocer a gente que ni siquiera pensarías conocer en tu vida y llegan a ser una aventura. Por cierto, mañana es sábado, otra vez.

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