EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Cuántas palabras de amor nos han faltado para llegar a este punto? ¿Acaso no ha hay suficiente intercambio entre todos nosotros para sentirnos amputados si esta separación se consuma? ¿Es imprescindible soportar, día tras día, la cadena de reproches permanente dirigida al otro, preñada de desprecios obscenos?

Querido Xavi, querida Nùria, querido Ricard, querida Montse, queridos tantos, estimats tots: sabéis que estáis en mi vida. Lo estáis desde hace tiempo y aspiro, espero que de forma compartida con vosotros, a que sea por mucho más. Me encanta veros y saber de vosotros, de vuestras cosas, que son como las mías, y de vuestros miedos y ambiciones, que se parecen también bastante. Al final, como nos hemos dicho a menudo, esto va de ser lo más feliz que se pueda con lo que tenemos, lo que nos buscamos y lo que nos toca.

Amics, está claro que no somos bultos con ojos y, con las inquietudes básicas que compartimos, cada cual tiene otras propias que también nos ocupan y preocupan. Tenemos nuestras ideas, o lo que nos queda de ellas, y nuestras verdades del barquero. A mí no me ha importado nunca lo que pensáis sobre esto o aquello, lo que me ha preocupado es que estéis, estemos, bien, y supongo que para vosotros ha sido igual. Es verdad que toda esta movida (ya sé, Xavi, que para ti no es una movida, es el próces) nos ha traído con más frecuencia de la que deseábamos bastantes discusiones nuevas entre nosotros, como si la puta independencia fuera la propia nuestra. Esto es lo que me jode, que con una fortuna impropia de la rotunda impericia de nuestros gobernantes, de los que mandan en Madrid, de los que mandan en Barcelona, hayan conseguido agriar lo nuestro, lo que es todos nosotros. Yo no quiero que os vayáis a ningún lado, ya sabéis, y creo que somos un país donde no sobráis, sino que sumáis de manera esencial. Sumas tú Xavi, aunque no quieras ser español, porque todo se puede corregir; sumáis vosotros, Nùria y Ricard, que no tengo claro qué país os estremece, pero sé que queréis que se pueda votar, porque la democracia admite pocos adjetivos; y sumas tú, Montse, que hablas español en tu casa, en tu curro y en tu calle y echas de menos tu Cádiz de tu alma, cuando lo engañas en la Barceloneta, porque eres tan Cataluña como los demás. Y digo yo que también sumaré algo, que os disfruto y os extraño, que disfruto vuestra tierra, que la extraño ya ante la mera eventualidad de que no sea también mía, una miqueta.

¿Qué queréis que os diga? Creo que esta semana seguirán pasando cosas y no serán todas buenas. El que manda allí intentará que se vote, aunque sea por sms, como si fuera un concurso, o quizás os junte a todos en la Boqueria y se vota a mano alzada, qué sé yo, pero después nosotros seguiremos, porque esto no sirve, y entonces, amics meus, més paraules d'amor, porque de lo otro ja és prou.

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