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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Nueva vida, nuevo consumo

"Despiértame cuando acabe septiembre", se dice más de uno, haciéndose un Green Day… y echándose mano al bolsillo

La llamada racionalidad del consumidor es algo en esencia tan simple como que, si estás asustado, gastas menos, y te fijas más en el precio. Vale la viceversa: si vas largo de bolsillo y la vida te sonríe y te augura un futuro solar, gastas más. El coronavirus nos ha metido miedo. Nos ha hecho más miraditos con el gasto, y para muestra un síntoma: vuelve con fuerza el monedero de petaca o tacón, claro rasgo de pesetero, o sea, el que mira el dinero al céntimo; aunque el monedero que no hace ascos al cobre también puede ser un mecanismo de defensa ante el gorrón común, especie siempre digna de ensayo.

Después de una primera fase de la crisis sanitaria en la que prendió en muchos hogares la pasión por el orden y por deshacerse de callos sentimentales en forma de multitud de objetos guardados como relicarios por oscuras pulsiones psíquicas, y no digamos de una eclosión sin precedentes de la videoconferencia, se incrementó la bolsa de la compra en una medida similar a la que de se hundió el consumo en la calle, prohibido por decreto. La compra así conoció una metamorfosis hacia el comercio electrónico, que captó para la causa a los mayores: a la fuerza ahorcan. En aparente contradicción con la compra por ordenador, las tiendas de barrio o "de cercanía" también realzaron su labor social, y no ya como facilidad de consumo, sino por inesperado foro cívico ante el encierro: "Hola, soy Jacinto, estoy confinado", y el resto de la súper, a coro: "Jacinto, ¡te queremos!".

El material de fitness se agotó, y el tráfico de mancuernas y elípticas buscó su flujo en una economía sumergida de sintomatología burbujística. Para qué sirvió tal tensión por parte de la demanda, eso ya es otro cantar: los cuerpos se han boterizado, y una capita de grasa extra nos hace parecer parientes: la redondez es muy igualitaria.

Hay un hecho que va en contra del comercio, o mejor dicho, de la hostelería: en tres meses, muchos han descubierto que lo de que "como en casa no se come en ningún sitio" puede ser verdad. En la semana del 9 al 15 de marzo, el comienzo, las compras de productos de gran consumo se incrementaron un 21%. Esa tendencia hará mella en muchos establecimientos: una vez que el perro flaco descubre las virtudes de lamerse solo, el perro se aperrea, y deja de querer salir, agarrado a su nevera. De todas formas, el verano ya llégó (bis, bis), y si alguna etapa del año dinamita las costumbres, esa es la que acaba de entrar. "Despiértame cuando acabe septiembre", se dice más de uno, haciéndose un Green Day… y echándose mano al bolsillo.

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