En el tejado

F.J. Cantador

fcantador@eldiadecordoba.com

De Nino Bravo a Pink Floyd

En estos tiempos inciertos en los que sobrevivir es un arte y en el que hay quien se empecina en levantar barreras antihumanas de todo tipo impropias del supuesto avance de la civilización, acaban de cumplirse 30 años de la caída del Muro de Merlín. Antes de que cayera el Muro -el 9 de noviembre de 1989-, ya lo había tirado Pink Floyd en aquel mítico álbum doble, el undécimo de la banda británica, publicado en 1979, The Wall. Esas canciones eran himnos que gritaban libertad en general. Pero lo que mucha gente desconoce es que, años antes, Nino Bravo también cantó a la libertad, pero en particular a la que anhelaba derribar esa barrera que tras la Segunda Guerra Mundial partió a Alemania en dos -la República Federal Alemana (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA)-. Y es que la canción Libre de Nino Bravo habla del primer alemán que murió intentando atravesar el Muro de Berlín, el 17 de agosto de 1962. Se trataba de Peter Fechter, un obrero de la construcción de 18 años, que intentó huir en busca de esa anhelada libertad junto con un amigo y compañero de trabajo, Helmut Kulbeik. Tenían pensado esconderse en el taller de un carpintero, cerca del Muro, y, tras observar a los guardias de esa frontera alejarse, saltar por una ventana hacia el llamado corredor de la muerte, atravesarlo corriendo y saltar por el Muro cerca del Checkpoint Charlie, a Berlín Oeste.

Hasta llegar al Muro las cosas salieron bien, pero cuando se encontraban arriba, a punto ya de pasar al otro lado, los soldados les dieron el alto, y a continuación dispararon. Helmut tuvo suerte, Peter resultó alcanzado por varios disparos en la pelvis, cayó hacia atrás, y quedó tendido en el suelo, en tierra de nadie durante 50 angustiosos minutos, moribundo, desangrándose, a la vista de todos, y sin que nadie hiciera nada. Gritó pidiendo auxilio, pero los soldados soviéticos que le habían disparado no se acercaron, y lo único que pudieron hacer los soldados americanos fue tirarle un botiquín, que no le sirvió de ayuda, ya que sus graves heridas internas le impedían moverse, y poco a poco fue perdiendo la consciencia. Durante casi una hora los ciudadanos de ambos lados de Berlín contemplaron impotentes su agonía, gritando a los soldados de ambos bandos para que le ayudasen. Pero ambos bandos tenían miedo de que los del otro lado les disparasen, como había pasado en otras ocasiones. Cuando por fin se acercaron los soldados de la RDA y se lo llevaron, los ciudadanos de ambos lados gritaron repetidamente "¡asesinos, asesinos!". En el lado occidental se sucedieron las protestas los días siguientes, y los habitantes del Berlín Oeste comprendieron lo difícil que sería para sus familiares y amigos del Berlín Este intentar saltar ese Muro, un Muro que entre 1961 y 1989 mató a 260 de las personas que intentaron hacer realidad el himno de Nino Bravo. No más muros, nunca más.

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