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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Necrológica improbable

Se entiende más el contento de los votantes de Vox que el de los del PSOE por la dimisión de Albert Rivera

Un obituario como Dios y la bonhomía mandan debe evitar el recuerdo impertinente de las sombras y hasta las canalladas que el finado pudo proyectar y cometer a lo largo de su vida. En este caso, como el muerto está en una edad envidiable y tiene cabeza, arrojo y energía como para varias personas, sí recordaremos sus errores, pero también diremos que sus votantes fieles -novatos por definición: Ciudadanos tiene trece añitos, edad de acné y de erratismo, ambos naturales- se encuentran hoy huérfanos y, como tales, heridos por la incertidumbre. Muchos de sus exvotantes se han pasado al conservadurismo desacomplejado, en general nostálgico y epidérmico de Vox. Otro buen puñado de naranjas de ocasión volvió al PP: "Cariño, hace mucho frío los jueves por la noche en la puerta de los bares, déjame volver a casa, te lo ruego". Ahora, Rivera el político ha muerto. Quizá lo echaremos tanto de menos como echaremos a otros de más.

A algunos de quienes gustamos, por el cine visto y la novela leída, de la lírica de los perdedores -mucho más que del perfume cantoso y la fatuidad del ganador- se nos escapó votarlo el día antes de su muerte, anteayer. Con el tiempo, hubiéramos contado con una charretera de tela raída y oro viejo en nuestra vieja casaca de votante (que es más bien un patchwork, un frankestein que se dice ahora). Precisamente de veleta se acusa a Rivera, y de ahí su defunción política (obvio es que no conviene descartar su resurrección). Rivera erró al ofrecerse -tan tarde…- el día antes de la penúltima para pactar con Sánchez, porque miles lo votaron para tal pacto ante la ruptura brutal en Cataluña. Pero no desenfoquemos: aquí, veletas, hay varios. Sánchez, también. Ahora lo vamos a volver a ver: mi apuesta se cobra barata.

No entiendo la alegría de algunos con la derrota mortal de Rivera. Me refiero a votantes socialistas (la alegría y hasta euforia de los de Vox es más comprensible, porque esos sí que han ganado con el estiramiento de elecciones al límite). Tanto jijí, tomayá, vete a X y alusiones a la tal Malú es desenfocado y trivial, y más si tenemos en cuenta que la victoria del PSOE huele mucho a pírrica (pírrica es una victoria de la que el vencedor sale malherido). Ay, qué risa. Qué risa tan tonta. Maldita la gracia. La del panorama. Que descanse en paz y en privado Rivera; aunque no sé si esa vis política suya es compatible con el descanso.

La serenidad se está poniendo muy cara en España, por cierto. Las elecciones mejor por tapitas, no son para hartarse.

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