Confinados, término poco usado, prácticamente desconocido, infrecuente, no integrado en nuestra jerga habitual hasta que hace poco más de un mes, se convirtió -junto a otros- en uno de los conceptos de la temporada. Como pasa con otros muchos, lo traducimos e interpretamos según nuestro estado de ánimo, protegidos o encerrados, así lo concebimos en función de cómo nos encontremos.

Confinados, así seguimos, y las ansias por la calle chocan con la prudencia que aún maneja nuestro miedo colectivo. La capacidad de aguante la medimos en función de la salud que nos rodea y lo cerca o lo lejos que nos pille, el haber o no convertido las cifras diarias, en algún nombre y cara cercanos. Desde el confinamiento y ahora que todos hemos bajado el ritmo de memes, bromas, de chistes y montajes, parece que ya estamos instalados en nuestra nueva realidad. Ya nos avanzaron los imprescindibles 21 días para llegar a una rutina; ahora que los hemos doblado, sabemos cómo es nuestra vida actual y cómo hemos abordado el contacto con lo de fuera.

Nos quedamos en casa, protegidos del mundo exterior por muros, mientras que, a la vez, en paralelo, en el mundo virtual nos exponemos a través de esos otros muros donde se publican fotos alegres y amables de un momento ínfimo y fugaz, que pretenden sin embargo proyectar una constante y eterna felicidad. Más allá de imágenes sorprendentemente favorecidas, que hacen que el resto nos cuestionemos cómo estamos afrontando estéticamente esta experiencia, nos nutrimos en esos otros muros nuestros, de recortes y enlaces que de alguna manera avalen nuestra opinión, compartimos artículos que refuercen nuestra tesis, noticias que permitan justificar nuestra postura y no al contrario. Predecibles, polarizados, obvios en esa otra realidad, cuestionables pero sin cuestionar. Así es nuestra conducta. Nuestro intachable comportamiento social, confronta con esa actitud virtual; propongo que nos replanteemos, como tantas cosas últimamente, ese proceder, esas pautas en las redes.

Muchas veces nos afanamos en buscar noticias menores, accesorias, irrelevantes que justifiquen, aunque sea de modo marginal o tangencial, nuestras ideas -o las que creemos tener, las que sentimos o a las que nos hemos acostumbrado, sin abordar si seguimos creyendo en ellas- y omitimos otras esenciales que demuestran que los nuestros meten la pata, se equivocan, fallan y nos fallan. Buscamos el error del contrario para ponerlo en evidencia y miramos para otro lado con las equivocaciones del bando al que sentimos pertenecer. Tendemos a no reconocer los aciertos o los éxitos de los de enfrente. Y así siempre será difícil tender puentes, llegar a acuerdos, buscar soluciones, encontrar salidas. Será difícil lo esencial.

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