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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

Muertos digitales

El impuesto de Sucesiones es casi una anécdota frente a todos los interrogantes que plantea la muerte digital

Going, going, gone! Adjudicada Niña con globo por 1,2 millones y, en cinco segundos, autodestruida. Un mecanismo secreto dentro del marco hacía trizas el misterioso cuadro de Banksy con el efecto de una trituradora de papel. El resultado forma ya parte de la historia del arte. Caras boquiabiertas en Sotheby's, desconcierto a escala global y ríos de reflexiones sobre la nueva tomadura de pelo del provocador artista de Bristol.

"Se va, se va, se fue". Literalmente. Un día después del subversivo espectáculo, el propio grafitero explicaba en un vídeo de su cuenta de Instagram la nueva bofetada que había planeado dar a las derivas absurdas de la modernidad y defendía lo que ya dijo el propio Picasso: que el impulso de destruir "también es un impulso creativo".

Hace un año, Girl with balloo fue elegida por los británicos como su obra favorita por encima de iconos incontestables como Turner. Hoy, el vídeo que se ha difundido por medio mundo, y que probablemente tenga su autor alojado en la nube, supera en mucho la creación original.

El debate sobre los límites y alcance del arte es apasionante, pero hay otro en paralelo más intrigante aún: la gestión de nuestra vida on line… cuando hayamos muerto. No hace tanto que los testamentos se arreglaban cualquier tarde del verano, cuando todos los hermanos volvían a la casa del pueblo, y éramos los nietos los que metíamos la mano en una bolsa de plástico sin ningún glamour para repartir los números de los lotes de fincas, cortijos y propiedades de los abuelos.

Hasta ahora, la mayor sorpresa que podía dejar un difunto eran unas cartas demasiado íntimas, unas fotos comprometidas y alguna deuda de más. Ahora buena parte de nuestras vidas se desliza entre ceros y unos alimentando una ingente huella digital. En muchos casos nuestro yo digital desaparecerá con nosotros sin mayor dramatismo que la asimilación de la propia muerte. Pero ¿qué pasa, por ejemplo, con el legado de un artista como Banksy? ¿Y con el escritor que guarda obras inéditas en su ordenador? ¿Con el arquitecto que deja su gran proyecto sin entregar? ¿Y si pide el acceso a una plataforma tanto el heredero oficial como la pareja de facto del fallecido?

El Gobierno tiene previsto aprobar a final de año la nueva Ley de Protección de Datos Personales y, por primera vez, reconoce el derecho al testamento digital. En Andalucía, el debate sobre el impuesto de Sucesiones nos distraerá -otra vez- en la campaña electoral, pero es casi una anécdota frente a todos los interrogantes y desafíos que plantea la muerte digital.

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