Moción y soledades

Sólo una victoria de Pedro Sánchez le daría a Pablo Iglesias una bocanada de aire para pensar en el futuro

Podemos, tras dirimir sus asuntos internos, ha vuelto con fuerza. En su estilo folclórico y pirotécnico, por supuesto, pero animosos. Olvidado queda el fiasco electoral y, amortizados ya los errejones y las bescansas, lo que toca es seguir a pies juntillas el dictado de Pablo Iglesias, que dijo que igual se iba si perdía las generales -como de hecho las perdió- pero que ahí sigue, faltaría. Primero con el Tramabús y ahora con esa moción de censura verbenera que quiere emprender a pesar de que está muerta de antemano. Él, que facilitó como nadie que Rajoy volviese a La Moncloa porque ansiaba locamente el nunca logrado sorpasso, convertido ahora en el hombre ético que dice no hacer calculos sino seguir el camino de su responsabilidad moral. Falacias con las que se intenta encubrir lo obvio: que a Iglesias le interesa condicionar el debate interno socialista y, más allá de ello, plantear una dicotomía excluyente entre chorizos o neocomunistas de Podemos, como si en medio de ambas opciones no existiese un oceáno de matices. Se comprueba que a Rajoy le viene Iglesias de miedo y que a Iglesias le viene de perlas la laxitud moral de Mariano y de los populares. Del choriceo se alimenta Podemos y del miedo al comunismo, razonable si se analizan un poco todos los antecedentes históricos, se alimenta el PP. Podemos da síntomas sin embargo de que se va quedando solo y de que la alianza antinatura entre grupos de izquierda antiTransición y nacionalistas periféricos ni da ni dará para gobernar este país. Corren el peligro por ello de caer en la insignificancia que marcó la historia de la hoy difusa IU, máxime cuando el efecto de sus folclorismos va perdiendo fuelle al haber desaparecido el factor sorpresa. El PP los tiene en sus manos: si se regenera los miniminazará y si sigue con sus andanzas les pemitirá seguir respirando. Sólo una victoria de Pedro Sánchez le daría a Pablo Iglesias una bocanada de aire para pensar en un futuro que en la soledad neocomunista será siempre muy tuitero, muy tramabús y muy poco monclovita. Apenas significante.

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