UN año más, termina la Feria de Córdoba y llegan las voces que piden su reforma y la introducción de cambios sensibles en su organización. Un año más, concluyen los 10 días finales del Mayo Festivo y el Ayuntamiento vuelve a prometer que el año próximo erradicará el botellón de El Arenal y acabará con las masivas concentraciones de jóvenes alrededor de la botella de refresco, la de alcohol y los hielos. Es encomiable esta declaración de intenciones, tanto como difícil de llevar a cabo por lo que de "cultura" juvenil tiene esta práctica y porque para las economías más menudas supone un balón de oxígeno fundamental para disfrutar de la fiesta. Todo ello, sin olvidar que la práctica generalizada del botellón tiene mucho más de nocivo y dañino para salud que de positivo. Sin embargo, y siendo éste un problema importante, la Feria tiene que revisar otra serie de asuntos de mayor calado. En primer lugar, y sobre todo, los elevadísimos precios que mantiene. Disfrutar de una jornada de Feria en familia supone un tremendo esfuerzo para los bolsillos, más aún en los tiempos de crisis que vivimos. El Consistorio está en la línea de buscar la contención, pero debería redoblar esfuerzos para conseguirlo. En segundo lugar, el descenso del número de casetas es cada vez más preocupante, tanto como su conversión en discotecas desde primera hora de la tarde. Si bien hemos avanzado en su aspecto exterior, no estaría de más imponer unos criterios más propios de la Feria en la ambientación musical -por lo menos hasta una hora concreta como pasa en Jerez- y estudiar una reducción de su tamaño para hacer más fácil a los colectivos su montaje. Todo ello, sin renunciar al carácter abierto de las mismas, auténtica seña de identidad de Córdoba y garantía de disfrute y entretenimiento para todos. Finalmente, cabría estudiar si quizás la Feria tiene una duración excesiva, manida polémica que se pospone año tras año y que vuelve a ofrecer jornadas como el lunes y el martes con un Arenal vacío. Todos estos aspectos a mejorar no pueden hacernos perder, no obstante, la perspectiva de que, un año más, la Feria ha sido un éxito, los incidentes han sido escasos y la afluencia de público masiva.

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