¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

Mierdas y rosas

Yolanda Díaz está muy nerviosa, quiere asaltar los cielos al mismo tiempo que gestiona las cloacas

Yolanda Díaz, en pleno mitin.

Yolanda Díaz, en pleno mitin. / EFE

EN los últimos tiempos hemos visto cosas que ni Roy Batty, el replicante de Blade Runner, creería. Entre estas a una vicepresidenta del Gobierno de España mandar “a la mierda” al jefe de la oposición en una sesión parlamentaria. Y lo peor fue que en su rebaño no hubo nadie que se lo afease. Prefirieron seguir balando.

Solo hace unos años, el presidente del congreso, el socialista José Bono, se escandalizó porque un ministro se sentó en el banco azul sin corbata. Para solucionarlo le mandó un ujier con una chalina para que el osado (que alegaba querer salvar el planeta) corrigiese su desatino. Pues bien, degenerando, hemos llegado a esta situación en la que medio hemiciclo se viste de chándal y las vicepresidentas mandan a la M al líder del partido más votado por los españoles en las últimas Elecciones Generales.

Pero lo peor no es que Yolanda Díaz actuase de tal manera en el Congreso de los Diputados, sino que se ha reído de su propio chiste. Podría haber pedido disculpas, alegar u súbito calentón. Todos lo hubiésemos comprendido. Cuando se está todo el día peleando en el fango suelen ocurrir estas cosas. Sin embargo, la vicepresidenta optó por algo que está de moda: intentar convertir los defectos en virtudes. Lo vimos con el “me gusta la fruta”, aquella solemne tontería de Ayuso. Así, este pasado fin de semana hemos visto a Yolanda Díaz mandando “a la mierda” a diestro y siniestro (sobre todo a lo primero). ¿Qué será lo próximo, grabar un vídeo con Miguel Ríos para destrozar de nuevo a Beethoven y alertar del peligro ultraderechista? No creemos que se atreva a tanto.

Yolanda Díaz está muy nerviosa, quizás solo superada por la hiperventilada Irene Montero. A su lado, los de la derecha radical (esa que el mainstream llama “ultraderecha” y “derecha populista”) parecen los primos moderados de Juanma Moreno. Sumar está en caída libre y cada elección a la que se presenta es una auténtica humillación. Hay encuestas que apuntan a que Sumar y el partido del outsider Alvise empatan en intención directa de voto, con un 4,2%. Eso hace que Díaz se comporte de forma bipolar, haciéndole la oposición al mismo gobierno del que ella es jefaza. Quiere asaltar los cielos al mismo tiempo que gestiona las cloacas.

Hubo un tiempo que Yolanda Díaz parecía la rosa fresca de la nueva izquierda. Llegó incluso a vender la imagen de una política elegante y pragmática, pero con convicciones de la izquierda de siempre. De aquel paisaje solo queda un mustio collado. Como mucho, una rosa ajada en medio de un estercolero, el mismo que ella ha colaborado en construir.

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