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Veredas livianas

Noelia Santos

nsgemez@eldiadecordoba.com

Mensaje de desánimo

Queremos lo que teníamos si era bueno y pensar que podríamos haberlo mejorado si era malo

Nada es igual e imagino que no estamos acostumbrados a acostumbrarnos. Supongo que los cambios que llegan sin avisar y te cogen sin preparación son especialmente difíciles. Cuando las cosas varían tantísimo de un día para otro no tenemos las herramientas suficientes para hacer las cosas bien, si es que existe una forma de hacer lo correcto en los tiempos que nos toca vivir ahora.

Todo son preguntas sin respuestas claras, con suposiciones como la de pensar que algún día todo volverá a ser como antes. Pero en el fondo sabemos que nada va a ser igual. No se trata de recuperar la normalidad o de crear una a la que adaptarse; se trata de comparar todo el rato lo que está sucediendo con lo que sucedía antes, o de imaginar cómo será el día de mañana y pensar en ello antes de acostarte para dormir con algo de tranquilidad.

La forma en la que se nos ha trastocado la vida tampoco es excesivamente mala; no podemos dejar de tener claro que existen alternativas. Pero no queremos cosas que se parezcan a las cosas que teníamos, queremos lo que teníamos si era bueno y pensar que podríamos haberlo mejorado si era malo.

Nada es ya como era antes y tampoco es cuestión de recurrir a mensajes de "aprovecha lo que tienes que no sabes cuándo puedes perderlo"; no se trata de eso. Se trata de aspirar a la normalidad cuando la normalidad a lo mejor nunca ha existido y, si lo hacía, ya no lo hace, el concepto se ha roto, todo ha cambiado, y aunque nos den alternativas, no estamos lo mínimamente preparados para empezar a manejarlas.

No estamos preparados para ver a nuestras familias y no darles el beso de rigor, ni para beber de cualquier vaso en el botellón de nuestro piso, tampoco para pasarnos el cigarro porque a tu amiga se le ha olvidado el tabaco en casa o para dejar de abrazarnos aunque lo hiciéramos poco. Y como lo hacíamos poco a lo mejor ahora tenemos ganas de hacerlo más y no vamos a poder, o a lo mejor no tenemos más ganas, pero nos da coraje no poder hacerlo.

Nada es igual ya y parece que nunca vaya a volver a serlo, aunque posiblemente esto solo sea un mensaje de desánimo de alguien que quiere besar a su familia, beber con sus amigos y abrazar si le apetece y no puede y le da coraje. No quiero nueva normalidad, quiero recuperar mi viejo concepto y estar de botellón con amigos en mi piso.

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