Las dos orillas

Mensaje de Navidad

A quienes se dejaban guiar por una estrella los tomaban por locos. A quienes miraban al cielo los consideraban ilusos

En aquel tiempo, el mundo era diferente, pero se parecía al de otros siglos. El Imperio estableció sus leyes. Existían ricos y pobres. Unos daban culto a Dios y otros al dinero. No faltaban los que daban culto a Dios y al dinero (y a lo que hiciera falta), con tal de seguir en el poder. En Belén era difícil encontrar albergue. En algún portal, una pareja de recién llegados se podía encontrar el calor de una mula y un buey, mientras que en otros portales sólo se topaban con el frío de la noche. Belén, donde el ambiente parecía enrarecido, amenazante... Como siempre lo estuvo en Belén, que es un lugar de litigios perpetuos.

A quienes se dejaban guiar por una estrella los tomaban por locos. A quienes miraban al cielo, los consideraban ilusos. Los sabios pensaban que el mundo se limitaba a sus saberes, sin entender la grandeza del cosmos. No creían en las guerras de las galaxias, porque todos los días encontraban guerras cercanas que ganar o perder. A un tal Herodes le preocupaban los augurios, y no dudó en afrontar la impopularidad de matar a los primogénitos, aun sabiendo que sería nefasto para las políticas de natalidad, como todas las muertes anticipadas. La espada se utilizaba contra el enemigo, y se mataba por convencimiento o por miedo.

Los pastores eran considerados seres mediocres, de poca preparación. Debido a sus pocas ambiciones, se limitaban a ganar el pan con el sudor de su frente. Sólo por eso ya entendían mejor que otros la dificultad de estar vivos. Pero resultaban primarios, demasiado simples. Les daba alegría compartir sus miserias con otros. Regalar algo en los días de fiesta. Algunos se reunieron en torno a un Niño que parecía indefenso y débil, pero de esa fragilidad trascendía el gran poder de la Verdad.

Se insinuó que aquella mujer, la Madre, era virgen, pero no lo creían. Bastaba con ver la cara feliz del padre, que parecía encandilado con el Niño. Un misterio como ese no se había conocido nunca. Sin embargo, algunos lo contaban, mientras otros reían. En los ojos de la Madre brillaba el secreto de la pureza. Sólo lo apreciaron los que tenían pensamientos limpios.

Llegaron magos de diversas razas, seguidores de una estrella. Ofrecieron extraños dones, que algunos pastores del lugar no supieron identificar. En Belén se rumoreaba, pocos días después, que aquella extraña familia había huido, probablemente a Egipto. En aquel tiempo ya había gente que huía, mientras otros perseguían sombras y no veían la luz en sus vidas.

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