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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Mejor razón que cabreo

Antes del 10-N valoren lo que ha traído el voto del cabreo a estadounidenses, italianos y británicos. Y no sólo a ellos

El éxito del mitin de Vox no es una buena noticia para nadie. Ni siquiera para quienes asistieron a él. Es lo peligroso del cabreo que lleva a escupir al cielo: el salivazo le cae a uno en la cara. Lo mismo sucede con la indignación de los votantes de Unidas Podemos. El voto cabreado o indignado se vuelve contra quien vota opciones radicales y antisistema. Afortunadamente la única posibilidad que ambos tienen de tocar poder es que los dos partidos grandes necesiten su apoyo activo, integrándolo en su Ejecutivo como estuvo a punto de pasar durante la breve luna de miel entre Sánchez e Iglesias y puede volver a pasar hasta con la suma de Errejón (el que llama a su partido Más Madrid en Madrid y Más País en España), o su apoyo pasivo, como sucedió en Andalucía. Nunca, aunque la historia demuestra que estas afirmaciones siempre son arriesgadas -recuerden la escena de la cervecería en Cabaret-, Unidas Podemos o Vox gobernarán esta nación.

Aun así no es una buena noticia que la extrema derecha populista -no se ofendan sus partidarios: lo es tanto como Unidas Podemos es extrema izquierda populista-, pretenda hacerse la custodia de la bandera, la defensora de España y la garante del Rey. Como no es una buena noticia que la vida política española se tense entre extremismos de derechas y de izquierdas anacrónicos y desfasados. Ni Vox ni Unidas Podemos tienen respuestas realistas y útiles para los problemas que agobian o preocupan a los españoles. Estamos en la UE y esta a su vez juega en el tablero global e interdependiente.

Junto al crecimiento del PSOE y el PP todas las encuestas apuntan una caída de Unidas Podemos y Vox (junto a un Ciudadanos hundido por el propio Rivera). Ya se verá que pasa con Más País. Y esto me parece bueno para todos, también para los votantes de estos partidos que no sospechan la que se les vendría encima -a ellos, no a los poderosos- si Abascal o Iglesias gobernaran la nación. No hace falta que se pongan trágicos mirando lo que votaron los italianos en 1924 o los alemanes en 1933. Basta que se miren en lo que votaron los italianos desde 1994 a 2018 -de Berlusconi a Salvini y Di Maio-, los británicos en 2015 y 2017 (más el referéndum del Brexit en junio de 2016) o los estadounidenses en 2017. Todos fueron votos del calentón y el cabreo. Con consecuencias nefastas no sólo para los italianos, los británicos y los estadounidenses.

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