EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Deslumbrada. Cómo no. Supuestamente deslumbrada, debo hallarme; como todos. No obstante, la presunción del deslumbramiento se rompió el jueves a eso de las seis y media de la tarde. Después de meses de anuncios, de críticas y alabanzas, de perspectivas por la recuperación de la autoestima o el orgullo, la ilusión y la alegría, el jueves quedó resuelto. Cada uno sabrá cómo se halla tras el fenómeno del trimestre. No era fácil, llevan tantos meses insuflando expectación, que era difícil colmar expectativas.

También es mala suerte. Seamos justos. Precisamente en estos días que llegamos a la hora del café con el especial sobre la cumbre del clima y uno se siente tan poco comprometido, tan irresponsable con el planeta, que tiene el impulso de apagar calefacción, bajar la resistencia del brasero, tirar de interruptor y pausar el consumo irreflexivo; ¡Va y coincide con Lo otro! Menos mal que la sobremesa es corta y el horario laboral nos impone la incorporación inmediata, de ahí que, pese a que uno se quede dándole vueltas a lo que dejaremos a generaciones venideras, no podemos regodearnos mucho en esa mala conciencia; el deber apremia. La paradoja surge cuando una trabaja en la calle comercial por excelencia de la ciudad, esa de cuyo nombre no quiero acordarme, por pudor y bochorno, por vergüenza; y entonces se encuentra con que nuestro medio flamante alcalde lo ha medio petado, solo en la mitad de la calle con la mitad de la bóveda. Fatídica casualidad.

Ciertamente necesitamos líderes que tomen las riendas y las decisiones, que opten. Para los que nos hallamos en un plano medio, los que no pasaremos a la historia por nuestra conciencia verde ni por nuestra destacada visión de la deco navideña, está bien que nos amparemos en quien se configura como adalid; los que tienen criterio indubitado e incuestionable en uno u otro campo.

Escuchemos también a los críticos con una y otra lectura, atendamos a las explicaciones de las hojas de ruta de unos y otros. Todo ello tiene mucho que ver con la ciudad y el mundo que queremos. Veremos. Ahora que por aquí andamos con música a todo volumen y medio cubiertos, sin veladores -en franja horaria top- con gente que pasea y opina, disfruta o critica, analiza; veamos. Plantas verdes hay menos, luces bastantes más.

Sea como fuere y, hagan lo que hagan los que nos gestionan, reflexionemos, encendamos o apaguemos luces, según conciencias, necesidades y autoestimas propias. Transmitamos valores a los nuestros, mostrémosles las luces y las sombras, la estética y la ética. La forma y el fondo y que, como aquellos, opten.

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