Matamuertos

Y en eso estamos, en todos los partidos, cada uno con su peculiar falta de estilo

Cuando una llega a la cima del poder sobre una montaña de muertos y cae, lo más normal es que mientras rueda ladera abajo, a cada trecha salga un puñal o una navaja con una mano detrás y un malmuerto detrás de la mano. Y más si se trata de muertos políticos, que son los más vivos entre los muertos, y entre los vivos. Retaguardia le llaman los tratados clásicos de la política por otros medios. Dinamitar comisiones ejecutivas enemigas mediante comandos infiltrados y suplantarlas por los mismos comandos que ejecutan la acción, una y otra vez, una y otra vez, repito, una y otra vez desde las temibles juventudes, hasta la venerable sede federal, parecía un buen plan. Hubo un momento en que fue visto con admiración como una muestra de audacia, algo así como un alarde de liderazgo, algo que merecía ser apoyado por muchas razones, siendo la primera que somos los nuestros.

Pero resulta, que en la última misión el objetivo a batir salió del cuartel con las tripas en la mano, pero vivo y con la intención de hacer una blitzkrieg usando como tanque un Peugeot. Y vaya si la está haciendo. La blitzkrieg deja poca elección a las fuerzas defensoras, lentas, más allá de romperse en bolsas aisladas, que están siendo rodeadas y van a ser destruidas por la infantería. Primero en las listas de las generales y las municipales de capitales de provincia como Córdoba; después en las fortificadas diputaciones provinciales que se ganen, en las que no va a quedar ni una cabeza que no sea afín al César. Ya les decía en diciembre que los juegos del hambre de los próximos procesos electores iban a dejar la arena perdida de sangre y estiércol. Y en eso estamos, en todos los partidos, cada uno con su peculiar falta de estilo.

Les escribía la semana pasada sobre la Cámara de los Comunes (por cierto, el cachondo mayor del reino, John Bercow le ha dicho a Ms. May que desde 1604 en su cámara no se vota el mismo asunto dos veces, y que si quiere votar algún acuerdo de salida de la UE, que le traiga otro: que a ese ya le han dicho que nanai) y de cómo los 650 son elegidos por circunscripciones unipersonales, en las que el que saca más votos se queda el escaño. Y punto. Alguna medida que le de más poder a los electores frente a las democracias orgánicas de los partidos sería conveniente. Aunque sea una apertura de listas para que podamos poner, o no poner, la crucecica en el nombre que menos nos desagrade. Pero tenemos al zorro cuidando las gallinas. O a la zorra cuidando los gallinos. Lo que ustedes prefieran.

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