EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Esto que les escribo graciosamente con todo el malaje, deviene en lo que el maestro decía columna río. Unos días, los más, soy camarón y me lleva la corriente y otros, como el sábado pasado, soy salmón y remonto la corriente para desovar. Para mí esto de escribir es un poco como hacer de vientre y escribir para ustedes me da un poco de reparo, por eso realmente escribo para mí. Pero esto es papel impreso en rotativa y debo de escribir para los demás, o parecerlo. Menuda disyuntiva. Los demás en abstracto son el infierno; sólo me queda entonces, escribir para los demás en concreto, así que hoy vamos a escribir sobre un joven líder que a sus treinta y siete recibe hoy su nombramiento como capitán de uno de los buques insignia de la ciudad, que ya les he descrito aquí: noventa metros de eslora y veinte de manga, ciento veinte de tripulación y mil pasajeros siempre al borde del motín. Toma el mando sin cartas de navegación precisas, con la nave a medio fondear, la marinería más cercana confinada en sus camarotes, y los demás, pasaje incluido, convertidos por mandato o necesidad en individuos-isla dispersos en una infinita polinesia de circunstancias personales, gracias a la tormenta perfecta que estamos capeando.

Coincidimos en una plaza con palmeras, una tarde de viernes hace poco en la calma que precede; coincidimos, ya les digo, en que los liderazgos más auténticos y transformadores están en los niveles intermedios. Por encima si te falta auctoritas para convencer, tiras de potestas y lo arreglas coercionando. Pero la directora de un hospital, el sargento de la Guardia Civil en un pueblo, el concejal de movilidad y seguridad de una ciudad intermedia -tuvimos uno bueno, se jubiló-, la jefa de enfermería, la encargada del Mercadona de mi calle, el director de un instituto, como es el caso, son los que están ahí haciendo que todo funcione y sólo puede funcionar sabiendo hacer, con la autoridad del ejemplo, siendo primus inter paris, si te pones mu flamenco, te pelan con la gorra puesta. Tiran p'alante y hacen que rememos los demás. Y ahí está Diego A. en el puente sin timón ni derrota conocida, tirando redes.

El que tenga a su prole en edad escolar sabrá de qué le hablo; el que más y el que menos habrá tenido que ceder unas horas de dispositivo -tablet, móvil, ordenata- y habrá oído hablar de múdel, de gúgel clasrum, de ímeil, de séneca, pasen y zum. Ahí está el cuerpo 590, bajo la cubierta en plena tormenta enredando y si se escapa algún boquerón, echándole el anzuelo: que no quede nadie atrás es el objetivo y para eso nada mejor que el esfuerzo la vocación y la disciplina de la tripulación, y al que no, por la quilla al amainar. Tu suerte es la nuestra Copé, Master and Commander.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios