Veredas livianas

Noelia Santos

nsgemez@eldiadecordoba.com

Margaret y Shakespeare

Prima el mensaje de conquista, de éxito, el luminoso de "estamos doblegando al bicho"

Margaret Keenan, una mujer inglesa de 90 años, se ha convertido en la primera persona del mundo occidental en ponerse la vacuna contra el coronavirus, de manera oficial y no en una fase de prueba. Margaret acudió a la cita en el Hospital Universitario de Coventry con una camiseta en la que podía verse un pingüino rodeado de nieve y leerse el mensaje "Merry Christmas", y afirmó, tras recibir la primera dosis: "Si yo me la puedo poner a los 90 años, cualquiera puede". Imagino que el gobierno de Boris Johnson no presionó a la mujer para que acudiese con esa camiseta a marcar un hito en esta era pandémica, aunque sí está claro que estaba todo bien preparado para que la noticia abriese telediarios y periódicos (dada su enjundia).

En hechos de este tipo (los tabloides más conservadores de Reino Unido lo han bautizado como Día-V, de vacuna y de victoria) nada se deja al azar. La clave de la gran cobertura mediática de la primera vacuna en occidente está en el objetivo de convencer a los escépticos, a los antivacunas, a los del 5G y las teorías conspiranoicas, a los del control de Bill Gates.

Pero también prima el mensaje de conquista, de éxito, el anuncio luminoso de "estamos empezando a doblegar al maldito bicho". Y ese mensaje nos ha llegado sin problema, no lo hemos tenido que buscar, nos ha salido solo en el móvil, en la tele, en la radio. Sin embargo, no fue tan sonado que a finales de octubre, en la ciudad china de Yiwu ya se estaba suministrando una vacuna contra la covid-19. Esto no nos suena tanto ni de lejos, sin embargo, en nuestro imaginario colectivo siempre tendremos la imagen de Margaret, con su camiseta, su pingüino y su "Merry Christmas".

Estando donde estamos, que conocemos lo mismo de Yiwu que del Hospital Universitario de Coventry, deberíamos darnos cuenta de la fuerza de lo colectivo, de la capacidad de identificarnos con alguien que nada tiene que ver con nosotros porque, simple y llanamente, su lucha también es la nuestra. Más allá de la capacidad de los gobiernos y los medios para meternos un mensaje entre pecho y espalda hasta que nos saciemos, podemos valorar que a veces hay cosas que nos unen: una vacuna, un "Merry Christmas", un deseo. Puede sonar poético, pero pensemos que la segunda persona que se vacunó tras Margaret se llama William Shakespeare.

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