EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Mañana

Mañana se le puede enseñar al mundo que una mentira repetida día y noche es mucho más eficaz que todas las verdades

Mañana se puede poner la primera piedra que derribará el edificio legal que ha creado la Seguridad Social, los fondos de pensiones y la solidaridad interterritorial. Mañana se puede extender la divertida idea de que la democracia es lo que yo digo que sea democracia y nunca jamás lo que tú dices que sea democracia. Mañana se puede empezar a repetir la portentosa idea de que la gente puede votar cualquier cosa, aunque se trate de la pena de muerte o de la supresión de los impuestos, aunque se trate de la amnistía para todos los violadores, aunque se trate de la segregación de los seres humanos en función de su raza o su sexo o su religión. Y mañana se puede poner en marcha la incomparable idea de que cualquier poder político puede imponer toda clase de mentiras históricas y de falsificaciones de la realidad en sus radios y televisiones pagadas con dinero del contribuyente. Y mañana se puede empezar a difundir por todo el mundo la maravillosa idea de que los profesores deben mentir a sus alumnos y hacerles creer en una realidad histórica y política que no existe. Y mañana se puede empezar a difundir la prodigiosa idea de que el Estado de Derecho es una creación de cuatro financieros y de cuatro tunantes que sólo buscan perpetuar sus beneficios. Si, mañana. Y todos ustedes ya saben de qué estoy hablando.

Y mañana se le puede enseñar al mundo que una sola mentira, siempre que sea repetida día y noche, acabará siendo mucho más eficaz que todas las verdades que todos sabemos que son ciertas. Y mañana se puede anunciar al mundo la simpática idea de que las masas, si son tercas y gritonas y están bien organizadas, siempre acabarán teniendo razón, sea lo que sea lo que pidan y lo que defiendan. Y mañana puede empezar a imponerse la idea de que ya es hora de emprender la disolución de Europa, ese continente que Stefan Zweig consideraba su única patria y que muchos de nosotros también consideramos nuestra única patria, porque ahora las regiones ricas ya podrán decir a las regiones pobres: adiós, adiós, pobretonas, ahí os quedáis.

Y mañana puede empezar a repetirse la idea de que cualquier movilización popular, convenientemente engordada y amplificada y financiada por un poder de dudosa legalidad, puede saltarse las leyes democráticas que establecen la estricta igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Sí, mañana, mañana.

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