Su propio afán

Mañana de mañanas

En la mañana de Reyes, todo son regalos, incluso los que no nos han traído

Siempre tuve (perdonadme) unas mañanas de Reyes estupendas. Y cuando digo "siempre" no hablo sólo de mi infancia, sino también de la pre, de la plena y de la post adolescencia. En casa de mis padres al final nos afeitábamos antes de bajar a ver qué habían traído los Reyes, pero bajábamos tan legitimistas e ilusionados como cuando niños. Cambié de casa y resultó que mi mujer disfruta mucho más regalando que siendo regalada. Al principio, me chocó, pero me he acostumbrado. Nos compaginamos muy bien porque a mí me encanta recibir regalos. El resultado es que, entre una cosa y otra, sigo creyendo en la magia. Entro en el salón sin saber qué encontraré en mi zapato, pero con las expectativas por las nubes de Oriente.

Esto tiene un efecto fascinante en mis sueños de muchas noches antes. Como todo es posible, imagino presentes imposibles. Mi carta secreta a los Reyes Magos es una voluminosa obra de ciencia ficción. Como una vez susurré que me gustaba algo, supongo que los Reyes, que lo ven todo, tomarían buena nota. Fantaseo incluso con que hayan sabido leer mis deseos más ocultos. Sería muy gracioso si un año apuntase todo lo que presiento que me van a traer, aunque lo deseo a tal velocidad que no sé si me daría tiempo a tomarme apuntes.

La mañana del día 6 no es en absoluto de decepción, aunque los regalos no coincidan nada con los que imaginé. Me sorprenderán y me darán razones para que siga creyendo un año más. Ya eso será el primer regalo. El segundo, la prueba empírica de que quienes me quieren no me ven tan menesteroso como yo a mí mismo. Notan, eso sí, que me falta algo de estilo vistiendo y aportan unos toques, por si mejorase el resultado. Pero esos otros regalos de las mil y una noches que yo diría que me faltan para la dicha absoluta, nada. Alguna vez leí que de la propia felicidad juzgan mucho mejor los que te ven desde fuera. Si quienes me quieren entienden que mis carencias son, sobre todo, indumentarias, es que, desde lejos, se me ve de lujo.

¿Siempre falta algo que nuestro deseo detecta y que la realidad no puede regalarnos? Qué va. El tercer regalo de la mañana de Reyes es, naturalmente, el sobrenatural. Hoy celebramos la Epifanía. Siendo más ortodoxo que un ruso blanco, para mí es otra Navidad por todo lo alto. Como el delicioso superlativo del Cantar de los cantares, hoy es el Regalo de los regalos, el Rey de reyes (magos). No se puede pedir más.

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