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Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

Mañana será otro día

No está hecho el 'homo sapiens' para pensar en la muerte: sabemos que existe, pero no parecemos creerlo

Con casi ocho mil millones de habitantes, la Tierra aloja a una cantidad de seres humanos que resulta antinatural, e imposible de mantener cubriendo las necesidades del siglo XXI. Nuestro siglo XXI, mejor dicho, porque los antropocéntricos veintipico mil años de historia humana son un nanosegundo en la historia del planeta. Nos ha ido salvando la ciencia, que ha diferido y prevenido los desastres -y sus descastes- con técnica y tecnología; vacunas, por ejemplo. A principios de marzo -en la Era Anterior- estábamos marcándonos un músico del Titanic colectivo. Junto a mi mejor buen amigo -Forrest Gump dixit- tuve la suerte de hacer el último Camino de Santiago de la Era Anterior, y lo digo como hito personal de estos días históricos; usted tendrá otros. De sopetón, a las cuatro o seis generaciones que habitamos una época nos ha tocado asistir a un ataque invisible de efectos aún por calibrar. El sistema que rige o cree regir al mundo, el humano, es una improvisación técnica a la que los avances científicos van apuntalando. Pero de pronto surgen crisis en forma de cientos de miles de muertes. Por ahora.

Mientras, las personas creemos estar a cubierto a pesar de los pesares (es claro que quienes han visto la muerte diaria y en directo tendrán otra percepción). Porque no está hecho el homo sapiens para pensar en la muerte: sabemos que existe y que vendrá, pero no parecemos creerlo (es como la cara B ciega de la visionaria creencia en la lotería). Y mucho menos para pensar que pueda ser, por ejemplo, en mayo de 2020. No sabemos si el mundo post Covid-19 nos traerá más bendiciones que maldiciones en las maneras de relacionarnos entre nosotros y con nuestro entorno, es decir, desde el ascensor a la acera y hasta los centros de trabajo, con los océanos y la atmósfera. Durante estos dos meses de sorpresivo y planetario crochet en el hígado han surgido profetas de un nuevo orden ecuménico, reflexivo y fraterno, promotores de la exportación del hygge escandinavo a los barrios meridionales, hechos para ponderar la calle, la plaza y los veladores mucho más que el tazón de té en la mano y el calcetín de cachemir en el pie, sobre el sofá de diseño. No es tan fácil reconvertirse a un mundo con una estructura emocional radicalmente (de raíz) distinta a la que regía. De hecho, los episodios de romería por las calles durante la fase 0 mueven más a pensar que el golpe no ha sido lo suficientemente fuerte. Porque si difícil es pensar en la propia muerte, no digamos en las de otros. En fin, de momento, a quien vamos a liquidar es al IRPF.

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